Es esa hora en que la noche agoniza. Todavía está oscuro cuando Milagros Castillo sale del auto y se zambulle en la oscuridad de Cariola primera cuadra, en Yerba Buena. El reloj marca las 4.40 cuando su hermano, que la ha llevado hasta allí, le sugiere: “fijate si podés pasar por la puerta de servicio, es peligroso que andés sola”. El auto arranca otra vez y adiós: Milagros -18 años, vecina de Lastenia- queda sola, parada frente al inmenso portón (cerrado) del shopping Portal y su desolada playa de estacionamiento. Falta todavía una hora para que las puertas del complejo se abran y otras nueve para que la joven cumpla con su cometido.
“Ni los grillos se escuchaban, solamente mis tacos”, recuerda ella más tarde, ya en la fila que la hará estar frente a frente con su ídolo, Luciano Pereyra. El cantautor estuvo ayer a la tarde en un set especialmente preparado para él en el patio de comidas del shopping, donde fue entrevistado por Janet Mulki y donde más tarde firmó ejemplares de su último álbum, “Tu mano”. Precisamente, con uno o más discos en sus manos, decenas de chicos esperaron desde la madrugada (Castillo fue la primera, pero casi inmediatamente llegaron muchos más) a tenerlo cerca, recibir su autógrafo y murmurarle algunas palabras.
“¿Qué le voy a decir cuando lo vea? No sé, mientras esperás pensás muchas cosas, pero en el momento sale lo que sale”, admite Emma Herrera, que lleva más de la mitad de su vida (15 de 27 años) adorando a Pereyra. “Lo conocí en un festival cordobés, al que había ido a bailar folclore. La primera canción que escuché fue ‘Córdoba sin ti’; desde entonces lo sigo -agrega-. Yo no soy de fanatizarme con ningún artista, no pago entrada para ver a nadie. Pero él lo vale, me emociona sólo oírlo”.
Tanto Herrera como su amiga Jessica Véliz (21) habían llegado al Portal a las 5. ¿Cómo paliaron la espera hasta la salida de Pereyra, a las 15? Tomando mates, mirando vidrieras y conversando, sobre todo de él, de las cualidades que lo hacen su ídolo. “A mí me gusta su historia, todo por lo que ha pasado en su vida y la fuerza que transmite. Sus letras son profundas, sobre todo las de este CD”, describe Véliz.
Más atrás en la fila, Lisa Vega (40) revela entre suspiros la razón más profunda de su locura por Pereyra: “¡es hermoso!”. Luego detallará que alteró su rutina para asegurarse un lugar en el shopping: “dejé a mi marido, mis hijos, mis nietos, ¡todo!”. Junto con ella, estaban Clara Aragón (33) y Gisela Bottone (29). “Llegamos a las 6.30. Yo salí de mi trabajo, que es cuidar enfermos durante las noches, y me vine directo”, cuenta la primera. Gisela interviene para decir que, aunque en su casa la espera un amor, su fanatismo pudo más. “A mi marido lo presto, a Luciano no”, dice, y se ríen todas. “Yo todavía no estoy casada, lo estoy esperando a Luciano”, retruca Clara.
La ansiedad de ellas y de todos los que aguardan en el patio se condensa en un único grito cuando Pereyra pisa el set. La entrevista transita por diferentes temas, desde la producción de “Tu mano” hasta si el cantautor prefiere cocinar o pedir delivery. Los fanáticos lo miran absortos, con la sonrisa congelada y los celulares rabiosos de tanto filmar o sacar fotos. Cuando el artista habla de su papel como el padre Joaquín en la novela “Esperanza mía”, desde el público se escucha “¡quiero confesarme con vos!”. Él se ríe y contesta rápido: “pecadoras”. Pero la respuesta que hace aullar a todas es la última, cuando Mulki quiere saber qué tiene que tener la chica que lo cautive. “Tonada tucumana”, responde Pereyra.
Pocos minutos más tarde, el cantante se dispone a firmar ejemplares y la primera en pasar es Elvira Sánchez, una mujer mayor a la que las fanáticas han dado lugar porque lleva una férula en su pierna derecha. Luciano se para, la abraza, le dice algo en secreto. Elvira sale temblando de la emoción. “¿Qué me dijo? Que gracias por venir, ¡y que me cuide la pata!”.