Es el equipo número uno de Europa si se toma un ranking de la UEFA que evalúa los resultados de las últimas cinco temporadas. Acumula 150,971 puntos, contra 142,121 del Bayern Munich de Pep Guardiola y 140,971 del Barcelona de Lionel Messi. Además, la FIFA lo declaró el mejor club del siglo XX, a su estadio Santiago Bernabéu lo llaman la Casa Blanca y en el plantel actual tiene al jugador que, según los estudios de marketing, es más mediático que el propio Messi. Pero Cristiano Ronaldo, estos días en portada de todos los diarios españoles, atraviesa una etapa extraña. Y Real Madrid, el equipo del que hablamos, percibe que acaso se le avecina un nuevo cambio de era.
Estoy en España desde hace unos días. Fui al Bernabéu a ver las dos últimas victorias: 3-1 contra Las Palmas una semana atrás para mantenerse líder de la Liga de España junto con Barcelona y 1-0 contra el PSG el martes pasado para ganar anticipadamente el boleto a segunda fase de Liga de Campeones. Mejor imposible. Pero el equipo del DT Rafa Benítez, que vuelve a jugar hoy en campo de Sevilla, está en situación de crisis. Los que se aferran al análisis estrictamente futbolístico advierten que Cristiano corrió el martes contra el PSG más que en ningún otro partido de la actual Champions: 9.512 metros. Pero Real Madrid, aún jugando en casa, tuvo una pobrísima posesión de pelota del 41 por ciento, casi no pudo elaborar cinco pases seguidos en ataque y Cristiano, incómodo como falso nueve, tiró apenas tres veces al arco, nunca dentro del área. Y toco 46 veces el balón, nunca dentro del área. Lleva jugados los 14 partidos de la temporada actual, 10 de Liga y cuatro de Champions. Y, es cierto, acumula trece goles. Pero no anotó en ocho de esos partidos. Y, en los cotejos de peso, marcó solo contra el Celta del “Toto” Berizzo. No pudo anotar contra el Atlético Madrid del “Cholo” Simeone, contra Athletic y tampoco en los dos partidos contra PSG de Champions. Para ser aún más claros: hace un año, cuando también se habían jugado 10 jornadas de Liga y cuatro de Champions, Cristiano había hecho 20 goles en 13 partidos y se quedó sin marcar sólo en uno.
Todo esto podría ser una crisis relativa si, en el medio, Ronaldo no hubiese remarcado tres veces en una misma semana que puede irse de Real Madrid. “Por el momento estoy feliz en el Real Madrid, pero en el futuro quién sabe”, dijo primero el domingo pasado. “¿Salir del Real Madrid? ¿Por qué no?”, le dijo luego a la revista alemana “Kicker”. Y el último viernes, en otra entrevista, dijo que no le cerraba las puertas “a ninguna Liga ni a ningún lugar” y que estaba pensando “en jugar un año en Estados Unidos”. Los jugadores de Real Madrid, excepto conferencias de prensa oficiales, y entrevistas pos partido, ya casi no conceden exclusivas a los medios. La orden, me cuentan colegas que siguen a Real Madrid, forma parte de cláusulas contractuales impuestas por el presidente Florentino Pérez, que así tiene todo bajo control. “El fútbol –dijo alguna vez el poderoso constructor español- es algo muy importante para dejarlo en manos de los jugadores”.
Acaso por eso, Florentino protagonizó un hecho insólito el martes pasado, cuando recibió al plantel que arribaba al Bernabéu para el partido contra el PSG. “¿Qué tal presi?”, le dice Ronaldo apenas baja del autobús. Florentino le dice casi susurrando: “tenemos que hablar, ¿por qué has dicho eso?”. Y, ante la vista de casi todos, y de las cámaras de Antena 3, Ronaldo caminando al vestuario y ya más serio, le responde: “¿Qué he dicho? Yo no he dicho eso. Lo he dicho diferente”. Ronaldo jugó realmente mal ese partido. No es Messi, que puede jugar de arquero y aún así ser la figura del equipo. La posición de falso nueve parece incomodarlo. Apenas terminado el partido, mantuvo un breve diálogo aún dentro del campo con Laurent Blanc, el DT del equipo francés. “Su equipo –le dijo Ronaldo- juega muy bien. Me encantaría trabajar con usted”. Blanc jura y perjura que no fue él quien filtró el diálogo al diario “Le Parisien”. ¿Fue entonces el entorno del propio Ronaldo? La prensa pudo captar también otra imagen poderosa: un diálogo cariñoso fuera de vestuarios y una hora después del cotejo entre Ronaldo y el presidente de PSG, el qatarí Nasser Al Khelaifi.
El agente de Ronaldo, el poderoso empresario portugués Jorge Mendes, salió a afirmar que Ronaldo, que tiene 30 años, concluirá su carrera en Real Madrid. Pero Mendes también alimentó los rumores. Antes del partido, estuvo una hora reunido con Khelaifi. Otra vez, ¿quién filtró esa reunión a la prensa? Los colegas que cubren Real Madrid afirman que Ronaldo está disconforme desde la partida del DT italiano Carlo Ancelotti. Y que el enojo aumentó porque Benítez, el sucesor, cambió su rol y lo hace jugar de falso nueve, para dejarle así espacio al fichaje que arribó como nueva bomba mediática, el galés Gareth Bale, que vive lesionándose y, además es demasiado individualista, con la diferencia que no hace la cantidad de goles que sí anota Ronaldo. “Destroy order”, dice una gigantografía enorme de Adidas en Puerta del Sol, corazón turístico de Madrid, con Bale en primer plano.
Florentino, está claro, no puede silenciar a Ronaldo como al resto del plantel. Peor aún, Ronaldo ofreció numerosas entrevistas en estos días porque está promocionando un documental sobre su vida. Y, en esas entrevistas, el portugués ratificó su ego gigante. “Soy historia del fútbol, soy una leyenda”, dice, por ejemplo. Y añade ante la pregunta inevitable del periodista sobre Messi: “quizás eso suceda en tu cabeza, pero en mi cabeza yo soy el mejor del mundo”. Ronaldo ganó tres Balones de Oro y lleva 504 goles en 760 partidos. Pero le ha tocado jugar en los mismos años que Messi. Al propio Florentino le tocó competir contra Messi. Y no hay goles del portugués ni chequera del empresario que puedan competir contra Messi y, además, contra el que fue el mejor Barcelona de todos los tiempos.
“El documental de Cristiano Ronaldo captura su ego gigantesco”, afirma Daniel Taylor, en “The Guardian”. Cuenta momentos poderosos, como cuando el sacerdote, casi al mismo tiempo que bautiza al hijo del crack, saca su teléfono celular y le pregunta a Cristiano si pueden hacerse una selfie. La madre que toma medicamentos antes de cada partido, el hermano que administra el museo CR7, la fan que se desmaya porque el crack lo miró. No es fácil ser Ronaldo. Pero Ronaldo, lejos del carisma gigantesco que tenía por ejemplo Muhammad Ali, agrava la escena con sus declaraciones y actitudes de divo, que carecen de toda gracia. Menos gracia le produce a Real Madrid.
El cuadro se agrava con las lesiones de Bale y por el caso de Karim Benzema, acusado por la justicia francesa de participar de una extorsión con un video sexual contra su compañero de selección, Mathieu Valbuena. En Francia se toman la cabeza porque temen que el escándalo deje afuera de la Eurocopa 2016 a Benzema, que estaba en un gran momento.
Florentino teme algo peor: que se desplome la cotización de un jugador que vale por lo menos 60 millones de euros. Curioso, Real Madrid podría quedar hoy líder solitario de la Liga. Y llegar así al clásico del 21 próximo ante un Barcelona que difícilmente pueda contar con Messi. Pero está en crisis. Es la crisis obscena del poder.