MAR DEL PLATA.- (Andrés Burgo, especial para LG Deportiva).- La escena, de tan cinematográfica, pareció una ocurrencia del Festival de Cine de Mar del Plata que justo comenzó ayer en otro rincón de la ciudad: cuando Atlético entró al estadio Mundialista, un grito llegó desde afuera: “Y dale deee, y dale deee”. Lo curioso es que el aliento no salía desde las tribunas semivacías, sino desde la calle: unos 300 fanáticos del “decano” quedaron en las puertas de la cancha y, en su desesperación, se treparon sobre unos árboles para saludar el ingreso del equipo.
Como la policía marplatense no los había dejado pasar -el partido era sólo para público local-, sucedió una imagen insólita: fuera del estadio hubo más hinchas -300 de Atlético- que dentro -50 de Unión-. Podría haber sido una película cómica si no fuera que muchos de los tucumanos se gastaron miles de pesos -en especial los que viajaron en avión- para quedarse varados en el portón del Mundialista. El sistema de alarma había comenzado a sonar dos horas antes, cuando 50 hinchas de Atlético fueron al hotel en el que se alojaba el plantel para despedirlo con cantos en su trayecto hasta el estadio. “Venimos en una camioneta, somos 19 hinchas”, dijo Leonel, del barrio 24 de Septiembre. “No tenemos entradas, pero mirá lo que pasó con Talleres en Formosa: entraron igual”, agregó. Su pronóstico, sin embargo, sería errado. Ya en el Minella, la policía fue taxativa: “no entra ningún visitante”. LG Deportiva le preguntó al único boletero cómo haría para reconocer a los tucumanos. “Por el acento”, fue su respuesta y casi enseguida el hombre empezaría a rechazar pedidos de compras: los hinchas de Atlético llegaban con los 150 pesos que costaban las entradas, pero el boletero no se las vendía. “¿Cuántas vendí? Ninguna, ni local ni visitante. Los de Unión entran con invitación”, confirmó el boletero 10 minutos antes del comienzo del partido.
Cuando la Policía les pidió a los tucumanos que se alejaran de la boletería e hizo un cordón para impedir que se acercaran, el sueño de los 300 fanáticos pareció desmoronarse. Muchos, es cierto, se quedaron afuera y se treparon a árboles, pero otros lograron infiltrarse en el estadio. Así se sumaron a los 28 autorizados por lista, entre ellos el ex gobernador y senador electo, José Alperovich, y su esposa, la senadora Beatriz Rojkés.
La tribuna visitante comenzó a ocuparse y al promediar el primer tiempo había 150 colados. La Policía empezó a perseguirlos, con lo cual hubo algunas corridas. Todo tan cinematográfico que, de realizarse una película, debería llamarse: “Atlético, la pasión”.