Nadie puede discutir que el gabinete que se alista para tomar las riendas del Gobierno tiene el sello de Juan Manzur. No porque la mayoría de quienes ocuparán los lugares más trascendentes sean médicos, como el gobernador electo, sino porque prácticamente ninguno conoce de política. Eso es, precisamente, lo que el hombre que siempre ríe y su compañero de fórmula, Osvaldo Jaldo, necesitan para sentirse seguros. Si bien se avizoraba un corte de raíz para el alperovichismo, ni el propio José Alperovich imaginaba semejante destrato antes de -siquiera- abandonar el Gobierno.
La primera lectura que permite la conformación del equipo de trabajo diseñado por Manzur y por Jaldo es que la discusión política pasará exclusivamente por ellos. Para ocupar despachos en la Casa de Gobierno aparecían nombres con peso político específico, como Juan Antonio Ruiz Olivares, Roque Álvarez o Sisto Terán. Y nombres de jóvenes que pusieron la espalda para cargar el peso de una elección cuesta arriba en la capital, como Marcelo Caponio, Carolina Vargas Aignasse o Guillermo Gassenbauer. Ni unos ni otros. Los gobernantes electos parecen no tener pruritos en desconocer los pronósticos y diseñan el gabinete que menos problemas les ocasionará. Más allá de todas las diferencias, hay una característica que comparten Manzur y Jaldo: la desconfianza. El futuro mandatario y su vice son personas herméticas, recelosas y solitarias. Con esa marca de fuego negociaron los cargos del Poder Ejecutivo y de la Legislatura. Así, por ejemplo, la Fiscalía de Estado será encabezada por el jaldista Daniel Leiva, pero secundado por el manzurista Manuel Alves, ex conductor de la millonaria caja nacional para las obras sociales sindicales que se regentea mediante la Administración de Programas Especiales. En la Legislatura, Jaldo deberá enamorarse rápidamente de Claudio Pérez, un funcionario manzurista a quien prácticamente no conoce y que heredará la Secretaría Parlamentaria. Por las manos de Pérez pasará el reparto de los fondos en gastos reservados para los 49 legisladores; es decir, de lo que él haga -con el consentimiento o no del tranqueño- dependerá el humor con la Casa de Gobierno de los parlamentarios oficialistas y opositores. Y ese no es un dato menor.
Estamos bien los 33
Manzur armó a propósito un gobierno sin política. Se reservó esa discusión para él y para Jaldo. Y se muestra dispuesto a ejercer esa potestad, relegando al saliente Alperovich. De ahí que Beatriz Rojkés, como conductora del Partido Justicialista y esposa del mandatario saliente, debería comenzar a prestar atención a sus movimientos, porque en el consejo provincial del peronismo le siguen el ministro de Salud nacional, el kirchnerista José López, Jaldo y Regino Amado, heredero del Ministerio de Gobierno, Seguridad y Justicia. Si Manzur pretende desensillar la montura alperovichista sobre la que cabalgó, indefectiblemente hará lo que hizo Alperovich con Julio Miranda y con Fernando Juri: quedarse con el sello del PJ. No en vano el hombre que condujo la provincia durante los últimos 12 años ya se siente a un costado y actúa como si debiera encabezar “la resistencia” en el próximo período de gobierno. De los 33 legisladores electos por el oficialismo, sólo Ruiz Olivares, la esposa de Roque Álvarez (Graciela Medina) y el sanitarista Renée Ramírez pueden ser considerados manzuristas puros. El resto responde a Jaldo o a Alperovich, o son cuentapropistas de la política. Pero todos, sin excepción, comparten el sentimiento de ninguneo por parte de la fórmula de gobierno que asumirá antes de que finalice el mes. Mañana a la noche, los 33 se reunirán -quizá por última vez- en el quincho del gobernador Alperovich. Lo llamativo es que fueron invitados mediante SMS por el mandatario saliente. Del mitin participarán también Manzur y Jaldo, para pedirles un último esfuerzo electoral este domingo, cuando el saliente titular del Poder Ejecutivo busque ganar los comicios como candidato a senador nacional. Pero ya hay parlamentarios que aprovecharán la ocasión para plantear sus reproches y quejas. Al menos, es lo que dijeron al recibir la convocatoria. Es que se sienten como los mineros chilenos atrapados tras el derrumbe: tuvieron toda la atención mientras los necesitaron y hoy se ven olvidados pese al éxito de la misión de rescate a Manzur. Estamos bien en el refugio los 33, podrían escribir los parlamentarios parafraseando a los trabajadores cordilleranos. “Pero tírennos una soga”, parecen querer añadir.
En la gatera
El que espera agazapado para convertirse en el escudero alperovichista de la Legislatura es Sergio Mansilla. El dirigente cuenta sonriente en la Casa de Gobierno que la Corte Suprema de Justicia habilitará su asunción como legislador, pese a haber sido electo ya en tres ocasiones cuando la Constitución habla de dos mandatos. El senador cree que los votos de Antonio Estofán, Claudia Sbdar y Daniel Posse serán favorables para su intentona y así se revocará el fallo de la Cámara en lo Contencioso Administrativo que le impide jurar como parlamentario.
En ese caso, Jaldo tiene previsto darle al aguilarense la presidencia Subrogante de la Cámara, en detrimento del monterizo Ruiz Olivares. El “Gallego”, de darse esa situación, debería conformarse con conducir el bloque oficialista o con la vicepresidencia primera. Porque la vice segunda ya está reservada para algún referente de la oposición, que en el próximo período contará con 16 representantes. Para ese cargo se priorizará un radical y, de entre ellos, suena con mayor intensidad Ariel García, legislador reelecto y vicepresidente de la UCR tucumana. La ubicación de un opositor en la mesa de la Cámara es un compromiso del ministro del Interior para comenzar a lavar la imagen de un gobierno que asumirá deslegitimado por las denuncias de fraude y las protestas ciudadanas tras la escandalosa elección del 23 de agosto. De concretarse, será una señal de apertura y de distancia con el gobierno que compartieron en estos años.
Manzur y Jaldo dieron el primer paso para armar su propio camino: despolitizaron el gabinete para ganar en confianza y en seguridad y se desligaron del alperovichismo. Resta conocer si ejecutarán el plan sin sobresaltos o si, con un poco más de poder en las manos, desviarán el camino.