Ruidos extraños despertaron a la familia en medio de la noche. La dueña de casa se levantó de la cama y descubrió que había un ladrón en la cocina. Su esposo lo agarró desde atrás, lo tiró contra el piso y no le sacó las manos de encima hasta que llegó la Policía. Era el mismo ladrón que había entrado a la misma casa hace un mes.

El delincuente en cuestión es conocido en el barrio Juramento de Yerba Buena. Los vecinos aseguraron que ya lo vieron robar en varias oportunidades y que viene de una familia donde todos se dedican a la misma actividad. Carlos Fernando Molinero lo reconoció, ayer a la madrugada, cuando lo sorprendió adentro de su casa. No tiene dudas de que es la misma persona que se llevó un televisor de su comedor hace pocas semanas.

“Ha sido un drama bastante feo”, intentó resumir Molinero con los ojos cansados, propios de quien ha pasado una noche en vela. Él, su esposa y sus cuatro hijos dormían, ayer a la madrugada, cuando un ladrón atravesó un pequeño ventiluz, a la altura de la escalera que conduce al primer piso. Eran las 2 y la mujer se despertó porque escuchaba ruidos en el comedor.

“Se puso inquieta, salió del dormitorio y sintió pasos en la escalera. Volvió y me dijo: ‘che, a mí me parece que hay alguien’. Salí con cuidado y, cuando iba llegando a la cocina, el malviviente intentó abrir la puerta para salir. Lo agarré, lo tiré al piso, le torcí las manos y lo reduje boca abajo”, recordó Molinero. El intruso ya se había apoderado de una mochila escolar, a la que había vaciado para llenarla con una play station, joysticks y juegos.

La mujer comenzó a gritar y buscó el teléfono para llamar a la Policía. Los chicos bajaron al comedor y ayudaron a su papá a retener al ladrón, que suplicaba que lo soltaran. “Decía que robaba porque tiene un hijo, y eso es mentira. Me decía que tengo razón, que lo perdone. Se hacía el bueno para que le tenga lástima”, relató Molinero. “Pero después, cuando llegó la Policía, me dijeron que unas horas antes ya había cometido dos robos”, agregó con bronca.

Molinero indicó que, cuando los policías requisaron al intruso, le sacaron una pipa y dos encendedores de los bolsillos. “Esas pipas son para fumar ‘paco’. Andan pasados de droga, por eso salen a robar”, comentó.

Los vecinos aseguraron que se trata del mismo ladrón que dos días antes había intentado entrar a otra vivienda del barrio. “A mi casa ya la conocía porque había entrado hace un mes”, remarcó Molinero. “Fue una mañana. Habíamos salido a las 7 para llevar a los chicos al colegio. Una hora después me llamaron por teléfono para decirme que dos ladrones se habían llevado mi televisor y se habían metido por un descampado que hay en la esquina de mi casa y que es un nido de malvivientes”, contó el hombre.

A Molinero le indicaron dónde vivían los ladrones, que son hermanos, y se dirigió a esa casa, ubicada a dos cuadras de la suya. “Me atendió un señor mayor y me dijo que pase tranquilo y revise. En una de las habitaciones lo vi a uno de los malvivientes tirando una colcha encima de los bienes que me había robado. Para no arriesgarme, salí y le pedí a un policía que entre. El policía levantó la colcha y ahí estaban la bicicleta y el televisor que me habían robado”, recordó.

Los dos delincuentes fueron detenidos ese día y las pertenencias de Molinero quedaron secuestradas. “Los dos salieron en libertad, uno de ellos me volvió a robar esta madrugada y la Fiscalía X° todavía no autorizó que me devuelvan las cosas”, aseguró Molinero, indignado. “Así no se puede vivir. No hay justicia. Tienen mayores derechos los malvivientes que el ciudadano que realmente aporta a la sociedad”, agregó el hombre.