¡Qué complicado fue para Fundarte el cierre de la temporada regional! Sobre todo en el momento de la tradicional foto que desde hace seis años se repite en el Final 8 del NOA: no alcanzaba una mano para contabilizar las coronas obtenidas.
El retrato requiere que las manos sostengan banderas, alguna que otra medalla recordatoria del triunfo, trofeos por desempeños individuales, entre otros elementos que adornan la escena. El hexacampeonato demandaba la utilización de seis dedos. Hubo solución para que la foto salga, quizás no tan arreglada como en los cinco años anteriores, pero sí igual de maravillosa.
El desarrollo del torneo estuvo más complicado que la confección de la fotografía. En los tres días de disputa, Fundarte vivió todas las situaciones posibles de juego. Sin embargo, hasta en los momentos de mayor incertidumbre, había confianza. “Viajamos para jugar la final”, estableció Pablo Ribó. El técnico de Fundarte nunca dudó. “Con Monteros Voley fue el partido más complicado del torneo. Estuvimos dos a cero abajo. No nos salían las cosas, pero sabíamos que lo dábamos vuelta”, explicó Ribó. Había motivos para jugar al máximo ante las monterizas porque era el último partido de la fase de grupos y el primer puesto aseguraba eludir a las anfitrionas: las jujeñas de Sociedad Española.
Las locales se cruzaron en el camino “fundartino” en la final. “Es la tercera que les ganamos y sabían que Fundarte viene de lograr cinco títulos; se armaron para ganarnos. Fue difícil y parejo, pero las conocíamos”, apuntó.
Dominar el voley de la región durante tanto tiempo puede sonar grato, pero también tiene sus contras. En el caso de Fundarte, a esta altura, casi se convirtió en una presión. “La Liga Regional es la competencia más importante del año para nosotros. Mantenerse seis años, no es nada fácil porque todos nos quieren ganar. Cada año la mochila es más pesada”, reconoció la alta seriedad con la que se toman el torneo.
Ganar el Regional habilitó a las campeonas a jugar la segunda fase de la Liga Argentina. “Clasificamos, pero no sabemos si podremos jugar por cuestiones económicas”, anticipó Ribó. Vale remarcar que Fundarte no tiene cancha propia; pese a ello el club siempre se las ingenió para tener sedes habilitadas. Avellaneda Central y, actualmente, la Escuela de Comercio N°1, fueron sus hogares. No cuentan con patrocinadores y los viajes se concretaron por las intensas ganas de las jugadores que, entre rifas, locros y venta de comidas no dejaron que el signo peso derrote sus deseos de jugar. “Todo se hace a pulmón. Por ejemplo, este fin de semana las Sub-18 juegan en Chapadmalal y para juntar más dinero hacen un torneo a la mañana y viajan a la tarde”, comentó con orgullo Ribo, de sus jugadoras.