“Pedimos que se aclare el caso, que lo encuentren”, había reclamado hace 10 días Julieta Rearte. La mujer se refería a Cristian “Chispita” Avellaneda, el principal acusado de haber asesinado a su hermano Cristian Orlando Rearte, en septiembre de 2011. Avellaneda estaba prófugo desde entonces, pero el fin de semana fue capturado en Catamarca.

La Policía de esa provincia había recibido el dato de que un presunto homicida, evadido de la Justicia tucumana, estaba viviendo en la ciudad de San Fernando del Valle de Catamarca junto a su familia. Para corroborar que se trataba de la misma persona que era buscada por la Policía de Tucumán, se envió una ficha con las huellas dactilares de Avellaneda. Se hizo una comparación de huellas y el resultado fue positivo: se trataba de uno de los prófugos más buscados por la fuerza tucumana.

Según se pudo conocer, “Chispita” vivía en esa ciudad junto a su esposa y sus dos hijos desde septiembre de 2011, cuando se fugó. El hombre se habría manejado durante todo este tiempo con una identidad falsa y habría contado con la complicidad de una de sus hermanas. Alquilaba una pensión y se ganaba la vida vendiendo ollas en la peatonal Rivadavia. La Policía lo detuvo el viernes y en los próximos días llegará a Tucumán, para ser puesto a disposición de la Justicia.

“Mi mamá se murió hace un año sin que se haga justicia por su hijo, pero nosotras no vamos a parar hasta que se haga un juicio, se lo condene y cumpla esa condena”, advirtió Lorena Rearte, otra de las hermanas de la víctima.

Una condenada

Cristian Orlando Rearte tenía 22 años y trabajaba cobrando el estacionamiento en la esquina de Balcarce y San Juan. Fue atacado el 11 de septiembre de 2011. En la esquina de Benjamín Villafañe y De la Rosa se había desatado una pelea entre un grupo de jóvenes, entre los que estaban “Chispita” y la hermana de este, Jessica Gisel Avellaneda. De acuerdo con la investigación, ella le alcanzó el arma para que mate a Rearte. “Pegale un tiro”, le habría ordenado la joven. Rearte fue baleado en la cabeza y murió tres días después.

En marzo de este año se realizó el juicio, pero solo con la presencia de Jessica. La mujer fue condenada a ocho años de prisión por ser considerada partícipe necesaria del crimen.