Las lluvias de fines de febrero y de comienzos de marzo del año en curso provocaron numerosos daños materiales y perjudicaron a 10.000 tucumanos que vieron cómo las aguas de los ríos y canales desbordados inundaban sus viviendas, destruyendo sus bienes. El fenómeno meteorológico ocasionó además el derrumbe de más de una decena de puentes y el deterioro de varias rutas. Tras el desastre, que pudo en gran parte haberse evitado en gran medida, sobrevino lo que suele ocurrir casi siempre, el intercambio de culpas. Tras la evaluación se dijo que la restauración llevaría varios meses e incluso se extenderían en 2016.

En nuestra edición del viernes, el director del Laboratorio Climatológico Sudamericano realizó algunas consideraciones sobre el escenario que se pronostica en primavera. El experto dijo que es normal el calor en agosto por efectos del viento Zonda, sin embargo, dijo que no lo fueron las lluvias que cayeron. Dijo que esto está vinculado con una gran disponibilidad de vapor de agua para los procesos de lluvia en el mes que es el mínimo estacional. “Es un problema de una perturbación en el sistema monzonal. Hace dos años que eso se está intensificando de manera nunca vista. Y tiene que ver con el calentamiento global. Lo que tenemos que esperar ante esta condición que es favorable a las lluvias es que estamos en peores condiciones que en enero; porque la variable es que se está inyectando vapor de agua”, afirmó.

El doctor en Climatología dijo que deben tomarse las prevenciones del caso respecto de las alertas de tormentas copiosas y que pueden ocasionar mayor destrucción que sucedida. Respecto de la obra pública para evitar nuevas inundaciones, señaló su preocupación porque hay algunas todavía están por hacerse, y otras en las que tendrían que estar trabajando.

Explicó que al calentamiento global que está provocando estas alteraciones climáticas, hay que agregarle el efecto de El Niño que anticiparía lluvias para noviembre y diciembre en el este de la Argentina.

A fines de julio, los habitantes de las localidades de El Molino y La Angostura (Alpachiri) cortaron la ruta nacional 65 por la inacción estatal y el temor de que volvieran a padecer inundaciones. Funcionarios provinciales les dijeron que se acelerarían los trabajos en los ríos Gastona, Chirimayo y Medinas. Ese mismo mes, vecinos del Canal Sur se quejaron una vez más por la falta de baranda. En esa ocasión, el secretario provincial de Obras Públicas afirmó que no podía precisar cuándo iba a comenzar la reconstrucción del canal. Indicó que la Nación le había autorizado el desembolso de $291 millones, de los cuales $200 millones se destinarían a la reparación de los canales.

La falta de prevención suele ser una de las grandes falencias de nuestra clase gobernante. Una catástrofe debería servir para examinar detenidamente cuáles fueron las causas que la provocaron y en consecuencia, planificar y obrar en consecuencia para evitar que esta se repita. Las consideraciones del director del Laboratorio Climatológico Sudamericano deberían ser tenidas en cuenta. Sería conveniente que el Gobierno se concentrara en realizar con celeridad las obras necesarias para que miles de tucumanos no vuelvan a pasar por la tragedia de perder todos sus bienes, como consecuencia de la imprevisión y de la inoperancia estatal.