Por Alejandro Duchini
PARA LA GACETA - TUCUMÁN

Pacho O’Donnell puso la mirada en dos temas. Uno de ellos es la primera independencia argentina, ocurrida -según su postura- en 1815 y no el 9 de julio del año siguiente, como se aprende en las escuelas. El otro planteo es la reivindicación del caudillo José Gervasio Artigas. Ambas temáticas están ligadas, porque el de la Banda Oriental fue quien lideró aquel primer movimiento y sin embargo no ha tenido en los libros el lugar que tal vez le corresponda. O’Donnell no plantea una fecha u otra. “Son hechos complementarios”, le dirá a este diario durante esta entrevista que gira en torno de 1815. La Primera declaración de Independencia Argentina, libro publicado este año por Aguilar.

- Ni una ni la otra. ¿Ambas?

- El gobierno nacional declaró a 2015 “Año del Bicentenario del Congreso de los Pueblos Libres” mediante el decreto 28/2015. La medida explica que “el denominado Congreso de los Pueblos Libres, también conocido como Congreso de Oriente, Congreso Oriental o Congreso del Arroyo de la China, reunido a partir del 29 de junio de 1815 en la ciudad de Concepción del Uruguay, provincia de Entre Ríos, constituyó un acontecimiento de gran importancia histórica, siendo considerado como la Primera Declaración de Independencia del Río de la Plata”. La medida podría disgustar a quienes teman que dicho hallazgo de singular trascendencia, ignorado hasta hoy por la historia oficial, podría afectar la memoria del 9 de julio de 1816. De ninguna manera. Reivindicar el Congreso entrerriano convocado por Artigas no supone devaluar el tucumano, ya que a ojos vistas son complementarios, pues uno reunió a las provincias andinas, las cuyanas, las del noroeste y las altoperuanas, a las que se sumó Buenos Aires luego del fracaso de su intención de organizarlo en su territorio. En cambio, el de Concepción del Uruguay convocó a las litorales: la Banda Oriental, las Misiones, Corrientes, Entre Ríos y Santa Fe, a las que se agregó una parte de Córdoba. Todas ellas dominadas por el bando federal, razón por la cual quienes escribieron nuestra historia, los vencedores de las guerras civiles del siglo XIX, los unitarios rebautizados liberales, no pusieron entusiasmo en reivindicarlo. La misma estrategia se aplicó al condenar al ostracismo histórico al gran jefe federal José Gervasio Artigas, un prócer de dimensión rioplatense y latinoamericana.

- Pero se perdieron las actas.

- Sí, y eso da argumento a quienes se oponen a reconocer lo que en este libro afirmamos. Pero es de tener en cuenta que eran tiempos de guerra y de comunicaciones por chasques, propensos a la pérdida o destrucción. Así sucedió con las actas originales del Congreso de Tucumán, que fueron portadas hacia Buenos Aires por el ayudante mayor del Regimiento 8, Cayetano Grimau, quien fue asaltado en el camino y despojado de su encomienda, que nunca fue encontrada. Además, en Concepción del Uruguay los participantes tenían una identidad más popular, gauchesca y originaria, poco propensos a los actos formales, con la concurrencia de muy escasos hombres de leyes. A pesar de la carencia de actas las investigaciones recogen evidencias que las sustituyen.

- ¿Por ejemplo?

- En las Instrucciones artiguistas para la Asamblea del Año XIII, en su encabezamiento, antes del articulado, se leía: “Primeramente pedirá la declaración de la independencia absoluta de estas colonias, que ellas están absueltas de toda obligación de fidelidad a la corona de España y familia de los Borbones, y que toda conexión política entre ellas y el Estado de España deber ser totalmente disuelta”.

O también que en la memorable oración inaugural Artigas expresó: “La soberanía particular de los pueblos será precisamente declarada y ostentada, como objeto único de nuestra revolución; la unidad federal de todos los pueblos e independencia no sólo de España sino de todo poder extranjero”. Otro ejemplo es que ninguna de las provincias que asistieron al “Congreso de Oriente” o “de los Pueblos Libres” concurriera al de Tucumán, lo que es evidencia de que ya consideraban cumplido el trámite independentista. Como éstos, hay otros elementos que funcionan como evidencia de esa primera declaración de independencia.

- ¿Qué hizo Artigas ante la Declaración de Independencia de 1816?

- Cuando tomó conocimiento de lo sucedido en San Miguel de Tucumán, el 9 de julio, escribió al Director Supremo en Buenos Aires, Juan Martín de Pueyrredón, el 24 de ese mes, lo siguiente: “Ha más de un año que la Banda Oriental enarboló su estandarte tricolor y juró su independencia absoluta y respectiva. Lo hará V.E. presente al Soberano Congreso para su Superior conocimiento”. Su habitual prudencia lo habría llevado a referirse sólo a la provincia bajo su influencia, no haciéndose vocero de las otras participantes, las que también vivían tiempos de inestabilidad política, como era el caso de Santa Fe, donde el artiguismo había sido desplazado por una fuerza militar porteña, al mando de Juan José Viamonte, quien había impuesto al centralista Juan Francisco Tarragona como gobernador, que a su vez fue depuesto por una sublevación acaudillada por Estanislao López.

- Usted hace hincapié en la vigencia, ya en ese entonces, del voto universal.

- Otro de los aspectos notables del Congreso de los Pueblos Libres fue su sistema de elección de delegados, en primera instancia para una asamblea en Montevideo, pero suspendida ésta se lo consideró válido para el Congreso de los Pueblos Libres. Se regía por una notable circular en la que quedaba claro el voto universal, sin distinción de clases, “encargando muy particularmente que los ciudadanos en quienes la mayoridad de sufragios haga recaer la elección para diputados, sean inmediatamente provistos de sus credenciales y poderes, y se pongan con toda prontitud en camino”. El Reglamento enviado al Cabildo de Montevideo era explícito: “Los ciudadanos de cada departamento concurrirán desde las nueve de la mañana hasta las cinco y media de la tarde del día subsiguiente a la recepción de la orden de esta data, a las casas que indiquen los respectivos presidentes, a nombrar tres electores correspondientes a su distrito. El voto irá bajo una cubierta cerrada y sellada: y el sobre en blanco. En la mesa del presidente firmará todo sufragante su nombre en el sobre escrito, que también se rubricará por aquél, y un Escribano que debe serle asociado. El Escribano numerará y anotará los papeles entregados por los votantes echándolos en una caja, que concluida la hora se conducirá cerrada al Muy Ilustre Cabildo, el cual abrirá las cuatro sucesivamente, y cotejando en cada uno los votos con la numeración y anotación procederá al escrutinio. (…) Se pondrá muy particular esmero en que todo se verifique con la mayor sencillez posible, cuidando que el resultado sea simplemente la voluntad general”, se lee.

- Esto se traduce también la intención de que no existieran distinciones de clases.

- Quizás pueda afirmarse que la esencia política del federalismo de entonces fuera el “sufragio universal” abierto a todos los que desearan expresar su voto, sin distinción de ninguna especie, tan opuesto al elitismo de las “clases decentes” del unitarismo. Así lo estableció el Reglamento de 1815, también las constituciones de los “Pueblos Libres” de Santa Fe y Entre Ríos. Lo admirable es que en aquellos tiempos el sufragio universal era una novedad absoluta en todo el planeta.

- ¿Cuál era la temática de mayor necesidad para tratar en aquellos años?

- En el Congreso, como estaba planeado, se trató la política agraria y el comercio interprovincial y con el extranjero, resolviendo que se confeccionara un reglamento para el fomento de la campaña, poblada por inmensos latifundios que despoblaban y no explotaban las feraces pampas litorales. En cumplimiento de ello, Artigas sancionó el 10 de septiembre de 1815 el “Reglamento Provisorio de la Provincia Oriental para el Fomento de la Campaña y Seguridad de sus Hacendados”, que fue la primera reforma agraria de Latinoamérica.

- ¿En qué consistía?

- En la confiscación de propiedades de “malos europeos y peores americanos”, adversarios de la revolución patriota, para distribuirlas y así ser leales con las bases populares que constituían la fuerza del artiguismo. Se apuntaba a privilegiar a “los más infelices”, calificación que abarcaba a los excluidos de la “civilización” oligárquica rioplatense: los negros libres, los zambos de esta clase, los indios y los criollos pobres. El artículo 7º establecía que “serán igualmente agraciadas las viudas pobres si tuvieran hijos. Serán igualmente preferidos los casados a los americanos solteros, y éstos a cualquier extranjero”. De acuerdo a una reglamentación estricta para el fiel cumplimiento de lo dispuesto se repartieron en propiedad parcelas de legua y media y se entregaron de cien a cuatrocientas cabezas de ganado a cada favorecido, con la prohibición de revender y la obligación de montar el establecimiento rural en dos meses.

- ¿Cuáles fueron las consecuencias?

- Estas medidas aumentaron la oposición de las dirigencias rioplatenses que se consideraban las únicas con derechos a explotar las feraces tierras de las provincias, ahora dominadas por el federalismo popular. Pues la explotación agrícola ganadera, producción casi exclusiva de la región, era la base de su riqueza y de su posición social. Salvo Córdoba, que lo hizo con una escuálida representación que enarboló sin éxito ideas federalistas, ninguna de esas provincias concurrió al Congreso de Tucumán en 1816. Lo consideraron innecesario, pues ya lo habían hecho al de Arroyo de la China, hoy Concepción del Uruguay. Es mi opinión, ya expresada en estas páginas, que si bien no puede negarse un hallazgo histórico, la puesta en superficie del Congreso de 1815 bajo ningún concepto debe opacar la celebración del histórico juramento del 9 de julio de 1816 y que nuestra independencia debe seguir celebrándose en esa fecha y en ese lugar.

- ¿Acerca de qué personaje histórico le gustaría escribir y por qué?

- Escribí libros sobre Juana Azurduy, Bernardo Monteagudo, Juan Manuel de Rosas, los caudillos federales, la Vuelta de Obligado y, últimamente, he investigado sobre Artigas. Siempre con la intención de hacer justicia con jefes populares que por razones políticas fueron oscurecidos en nuestra historia oficial. Un personaje que me está tentando es el gran caudillo tucumano Alejandro Heredia, un héroe de la Independencia que combatió en el Ejército del Norte, un doctor en leyes que hablaba y escribía en latín, un meritorio gobernador de su provincia con especial preocupación por lo educativo. Alguien que defendió nuestra patria, casi sin recursos, de la invasión de la Confederación Peruano-Boliviana liderada por el mariscal Santa Cruz y apañada por el rey de Francia Luis Felipe de Orleans, que llegó a ocupar Jujuy y parte de Salta. Heredia fue asesinado vilmente por sus ideas federalistas en una emboscada unitaria en la que siempre se sospechó de Marco Avellaneda como autor intelectual.

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