Miguel Angel Rouco - Agencia DyN

BUENOS AIRES.- El gasto público durante el primer semestre del año alcanzó un nivel sin precedentes y coloca a la economía argentina en una situación muy endeble frente a los cambios que se avecinan en el mundo.

La abrupta baja del precio de los commodities, el menor ritmo de marcha de la economía china y de sus socios asiáticos prevén que habrá una menor demanda para los productos que exporta la Argentina.

En otras circunstancias, las variables económicas ya hubiesen descarrilado y sólo se mantienen dentro de un margen de maniobra operable, por la perspectiva de un cambio de habitantes en la Casa Rosada.

“En otro momento y con este nivel de déficit fiscal y de inflación, el dólar volaría. El ‘blue’ no refleja lo que las variables económicas muestran. Sin la perspectiva de cambio de gobierno, el paralelo costaría no menos de $ 20”, comentó a DyN un prestigioso analista económico.

Con los números fiscales de la primera mitad del año, las proyecciones de los analistas privados, de un desequilibrio equivalente a 6 puntos del Producto Bruto Interno (PBI), se van a cumplir con holgura.

Mientras tanto, el tipo de cambio fijado por el Estado continúa destruyendo las economías regionales y creando una situación de bienestar económico ficticio, tiempo que se subsidia la fuga de capitales y las importaciones de productos suntuarios.

El déficit de las cuentas del Tesoro obliga al Gobierno a ir en procura de mayor financiamiento, aumentando peligrosamente los niveles de deuda. El desendeudamiento forma parte del relato y de la mitología kirchnerista.

La administración Kirchner toma deuda en pesos a altas tasas, toma deuda ajustada con la evolución del tipo de cambio, a plazos que van más allá de su gestión y busca tomar deuda en dólares, aunque la amenaza de los holdouts aleja esa posibilidad, por ahora.

Pero todo resulta insuficiente frente al crecimiento de los gastos. De allí que ahora se empieza a mirar de reojo el nivel de reservas y las voces sobre su escasez comienzan a transformarse en un coro de lamentos en las filas oficialistas.

El temor del kirchnerismo es que, tras el pago del Boden 2015, las reservas desciendan de manera significativa, y se deba transitar toda la campaña y las elecciones, en un ambiente de inestabilidad cambiaria y con un mercado inundado de pesos y ávido de divisas.

“Nadie va a querer quedarse en pesos durante las elecciones”, opinó un veterano operador, para luego agregar que “si el mercado huele que el Gobierno no tiene dólares suficientes, se va a poner muy nervioso”.

En el Palacio de Hacienda se analizan alternativas para evitar ese escenario. Por un lado, hay quienes se inclinan por pagar el rescate del Boden 2015 en pesos al tipo de cambio oficial. Un primer argumento es que, de acuerdo con el nuevo Código Civil, las deudas en dólares pueden ser pagadas en moneda nacional y, en todo caso, si llegara a haber algún recurso judicial, todo quedará diluido en el tiempo.

Un segundo argumento indica que como estos títulos fueron comprados en muchos casos en pesos, sería lógico cancelarlos también en pesos. Un tercer sostén es que la ley de Emergencia respalda jurídicamente esa eventual decisión.

La alternativa a estos planteos que esgrimen otros funcionarios del Gobierno se basa en pagar el Boden 2015, haciendo un roll over, esto es entregando Bonar 24 a un plazo más largo pero manteniendo la misma moneda de cancelación.

A esta altura, la desconfianza y la incertidumbre se apoderaron de todos los agentes económicos y de la sociedad. Los tiempos políticos marcarán el curso de las decisiones que pasarán por el meridiano de la Casa Rosada, aunque no exentas de costos políticos elevados.