Miguel Angel Rouco - Agencia DyN
BUENOS AIRES.- Las inconsistencias de este final de ciclo político se focalizan sobre las reservas del Banco Central y sobre la política monetaria y cambiaria que, a duras penas, podrán llegar a diciembre.
La expansión constante de los agregados monetarios y la caída vertiginosa de las reservas, hace que la incertidumbre de los operadores sobre el nivel del tipo de cambio a partir del 10 de diciembre, aumente de manera notable.
Las expectativas de una devaluación del peso van en aumento, toda vez que la administración de Cristina Fernández necesita del retraso del cambiario para mantener la ficción. Hay tres tópicos que condicionarán la visión de los inversores sobre la paridad cambiaria:
I) La expansión de los agregados monetarios.
II) Las ventas de dólares y de bonos a precios subsidiados.
III) La situación en Brasil y en China y el deterioro de los términos de intercambio.
El primero de los puntos, sobre el crecimiento de los agregados monetarios saltó por los aires y de nuevo como antes de la devaluación de enero de 2014, los pesos crecen a un ritmo del 40%. Esto tiene un doble efecto. Por un lado, como la demanda de créditos no aumenta en la misma medida, ese excedente se va a la inflación, mediante los precios, con un fuerte deterioro en el poder de compra de los asalariados. La aceleración y la multiplicación monetaria se encargarán de dañar la economía. Por otro lado, al no ingresar divisas suficientes para atender la deuda y las importaciones, sobran pesos, lo que alimenta las expectativas de devaluación y aumenta el apetito por los dólares.
El segundo tópico -algo que no se entiende de la política que comanda el ministro de Economía, Axel Kicillof- se refiere a la venta de dólares y bonos a tipo de cambio oficial. En lo que va de agosto, el Banco Central resignó casi U$S 500 millones de reservas para satisfacer la demanda de los ahorristas. En paralelo, el Gobierno saca a la venta bonos atados a la evolución del dólar oficial más allá del 10 de diciembre, en un escenario de potencial devaluación ¿Por qué subsidiar la compra de esa deuda, a precios irrisorios, en momentos en que no abundan divisas?
El tercer punto tiene que ver con las fuertes correcciones cambiarias en Brasil y en China, y con el aumento de sus tasas de interés, que provocaron una caída del consumo interno y una menor actividad económica en esos países. Al mismo tiempo, esas políticas llevaron a que los productos argentinos sean menos competitivos en esas economías y a que los bienes provenientes del vecino país y desde el Lejano Oriente resulten más baratos.
Hasta ahora, el Gobierno nacional intentó defenderse mediante barreras arancelarias y paraarancelarias como las Declaraciones Juradas Anticipadas de Importación (DJAI) y algunas trabas sanitarias. Pero esto tiene fecha de defunción, ya que tras el fallo de la Organización Mundial del Comercio (OMC), las DJAI quedarán sin efecto, y dejarán terreno libre para que China y Brasil coloquen sus excedentes comerciales en la Argentina a precios de liquidación.
Estos tres factores combinados generarán una presión ostensible sobre el mercado de divisas, lo cual aumentará las expectativas de una devaluación del peso.
Los dólares atesorados
La moneda nacional acumula una revaluación del 40% frente al Real, desde enero de 2014. Esto descoloca las ventas de productos argentinos a Brasil y alimenta las compras de productos fabricados en el país vecino. El Banco Central cuenta con unos U$S 34.000 millones de reservas brutas. De ese total, unos U$S 8.000 millones corresponden al swap con China y otro tanto a depósitos de los ahorristas. Así, las reservas no comprometidas quedan en U$S 18.000 millones.
El Gobierno no pudo cancelar la deuda de divisas que mantiene con los importadores por unos U$S 5.000 millones y debe enfrentar el rescate del Boden 2015 por otros U$S 6.500 millones. Además, deberá cancelar deuda con los organismos financieros internacionales por unos U$S 1.500 millones, lo que redondea unos U$S 12.000 millones a pagar hasta fin de año.
Esto deja un neto de U$S 6.000 millones a lo que hay que deducir unos U$S 1.500 millones destinados al pago de los bonos retenidos por orden del juez norteamericano, Thomas Griesa. Todo esto significa que el Central quedará con una disponibilidad de U$S 4.500 millones a fin de año, de los cuales gran parte son reservas en oro y en Derechos Especiales de Giro (DEG), de difícil realización. La realidad supera a la fantasía y a la ficción creada por el Gobierno nacional, que se esfumará como la ilusión de la Cenicienta.