Una seguidilla de chistes escatológicos, un guión abundante en referencias políticamente incorrectas, algunas críticas a ciertos aspectos judiciales de EEUU y, sobre todo, una historia de amor (más que la romántica, la que surge entre un peluche y su amigo): todo eso y más integra “Ted 2”, la secuela del éxito de 2012 con el que se presentó al oso más gracioso y despreocupado del mundo del cine. Hace tres años, la primera parte recolectó unos U$S 550 millones; la nueva película -que costó U$S 68 millones- intentará repetir la hazaña, aunque ya ha recibido algunas críticas.
La historia de base es esta: Ted está casado con Tamy-Lynn (Jessica Barth) y deciden tener un hijo. Como esto es biológicamente imposible para él, el oso acude a su mejor amigo John Bennett (otra vez interpretado por Mark Wahlberg) para que se ofrezca como donante de esperma. John está de acuerdo con la propuesta, que sin embargo chocará con impedimentos legales: para ser papá, Ted debe ser reconocido ante las leyes norteamericanas como una persona. Esto ofusca a los amigos, que recurren a Samantha (Amanda Seyfried), una abogada inexperta y desestructurada que terminará haciéndose amiga de sus representados.
El director y guionista, Seth MacFarlane, contó que la idea de esta secuela surgió mientras leía sobre la Guerra Civil en EEUU, en la que a los esclavos -considerados propiedad- se les negaba el derecho a convertirse legalmente en ciudadanos libres. Salvando las distancias, explicó MacFarlane (quien también le presta voz al oso), eso mismo le ocurre a Ted, que lucha por conseguir el estatus de persona en las cortes de Boston y Nueva York.
Seriedad innecesaria
Sin embargo, las objeciones que se hacen a la Justicia de EEUU provocan, según algunos especialistas, que “Ted 2” quede a medio camino entre una comedia efectiva e ingeniosa, como fue la primera parte, y una crítica contundente capaz de sostenerse más allá de los chistes y las groserías. “Las situaciones graciosas van en descenso con el correr de los minutos y la estructura de ‘abogados’ (con leve crítica a EEUU y su concepción de las diferencias sociales) no es lo suficientemente sólida para sostener una historia que cuenta con una seriedad innecesaria, con reclamo de derechos incluido, para una película sobre un oso de peluche adicto a la marihuana”, definió Emiliano Basile en Escribiendocine.com.
La posibilidad de disfrutar de las salidas pícaras de Ted pueden hacer valer el intento, de todas maneras.