El comportamiento financiero de los consumidores bancarizados, y su capacidad para afrontar deudas, se registra y se almacena en bases de datos, públicas y privadas, a las que acceden las empresas del sector financiero.

Mediante un sistema denominado scoring, los bancos y las financieras del circuito formal establecen una calificación a los consumidores, al momento de definir la aprobación de un préstamo o de un producto financiero. Por todo esto, para acceder a servicios de crédito, y para obtener mejores tasas de interés, la clave es demostrar una buena conducta financiera.

Así lo explicó el especialista en créditos y cobranzas, Raúl Ostengo, quien señaló que, según la frecuencia con la cual se paguen las deudas, el sistema de scoring establece una puntuación que va de 1 a 999 puntos. Este mecanismo de cálculo, remarcó el experto, también evalúa la capacidad de pago que demuestran los consumidores, en función de sus ingresos declarados. “El sistema de scoring combina estos datos y entrega una calificación de riesgo. La puntuación refleja el historial crediticio y el cumplimiento de las obligaciones”, subrayó Ostengo.

Fuentes del sector financiero, consultadas por DINERO, señalaron que los bancos exigen, en promedio, una calificación mínima de 700 y 800 puntos para aprobar, por ejemplo, un préstamo para consumo. Las financieras privadas, en tanto, suelen requerir un tope menor, que oscila entre 300 y 500.

Ostengo afirmó que los niveles de calificación requeridos varían según la política de cada empresa financiera, en virtud del nivel de la demanda y del escenario económico. “Si la situación presenta dificultades, las empresas elevan las exigencias para concentrarse en un segmento específico de clientes. En épocas de bonanzas, asumen riesgos y bajan los requerimientos. En la actualidad, la vara se mantiene alta para evitar riesgos”, advirtió.

“La sugerencia es tratar de tener el mejor comportamiento crediticio que se pueda. Si por alguna razón hay un retraso en los pagos, ya sea de una tarjeta de crédito o de un préstamo, lo ideal es demostrar voluntad de pago y no dejar que la deuda se acumule. A mayor retraso financiero, menor será el puntaje crediticio”, recomendó.

Ostengo recalcó que un consumidor bancarizado tiene más posibilidades de figurar en las bases de datos del sistema financiero. Por lo tanto, las empresas crediticias tienen más elementos para calificarlo. Si el consumidor no está bancarizado, y no figura en los registros formales de empleo, la calificación es más difícil. “Esto lleva a que las empresas apliquen tasas más elevadas, porque consideran que el riesgo es mayor”, concluyó el especialista.