Santa Fe La Vieja quedó abandonada cuando se decidió la mudanza de la ciudad a su actual emplazamiento, recostada sobre el Paraná. Transcurrieron los siglos y Santa Fe La Vieja aprendió a vivir como referencia en los libros de historia. Es el cuento de una villa fundacional y prácticamente olvidada, pero con final feliz. A partir de un trabajo de cinco décadas el Gobierno santafesino apostó a la recuperación patrimonial, histórica y turística de Santa Fe La Vieja, convertida hoy en un parque arqueológico, dotada de un bellísimo museo y de la infraestructura imprescindible para convocar a los visitantes enamorados de la historia y de la naturaleza. El descubrimiento está a un clic (www.http://santafelavieja.gob.ar). De los santafesinos podemos aprender a la hora de pensar el futuro de Ibatín.

Lo llamativo es que Santa Fe La Vieja carece de la relevancia colonial de Ibatín. Es más chica y duró menos tiempo, por ejemplo. Los santafesinos la convirtieron en un sitio arqueológico modelo y en un destino turístico de calidad, pero no fue de la noche a la mañana. Es el fruto de una política de Estado que lleva 50 años. Si Tucumán pone manos a la obra en Ibatín el resultado no será inmediato y eso conspira contra la voracidad por la inmediatez que nos caracteriza. La inclusión de Ibatín en el paquete cultural que está diseñándose de cara al Bicentenario no será más que eso: la puesta en marcha de un proyecto. Pero en algún momento hay que arrancar y 2016 invita a saldar la deuda histórica.

¿Qué hace falta en Ibatín? Instalar un equipo arqueológico dispuesto a sudar la camiseta durante años, porque todo está por hacerse. Las investigaciones de los historiadores están basadas, principalmente, en las fuentes documentales. El trabajo en el terreno es otra cosa y en el caso de Ibatín se habla de hectáreas intocadas por las herramientas de los excavadores. Llevará tiempo y hará falta mucha paciencia hasta que aparezcan los resultados.

Cuando se decidió trasladar la ciudad en 1685 el predio fue invadido por la selva. Después se utilizó como campo de cultivo... hasta que quedó abandonado nuevamente. Todos esos movimientos de tierra conspiran contra los potenciales hallazgos. También el hecho de que los pobladores se llevaron todo, hasta los clavos de las paredes, porque así como desarmaron sus casas en un lugar las reconstruyeron en otro. Desde ese punto de vista es difícil que emerja, por caso, una pieza como la famosa jarra plateada. Pero son conjeturas.

Las intervenciones en la zona son poquísimas. La Provincia expropió el área en 1944 y en1965, al cumplirse 400 años de la fundación de Ibatín, el Gobierno de Lázaro Barbieri encargó la prospección de la que se ocupó el grupo integrado por Manuel Lizondo Borda, José Moukarzel y Amalia Gramajo de Martínez Moreno. Quedó demarcada la plaza principal y se determinó la ubicación del Cabildo, de la Catedral, de dos iglesias (la mercedaria y la franciscana) y del colegio de los jesuitas. Todo está bajo el monte, que crece libremente en esas cuadrículas que pueden recorrerse hoy en día. Mucho más acá, pasados los 2000, se realizaron dos investigaciones en el campo: una apuntada a configurar cómo era una vivienda frente a la plaza; y otra centrada en las características de las iglesias y los entierros que allí se realizaban. No hay mucho más. “Será porque los arqueólogos jóvenes están interesados en la herencia indígena y no en el período hispánico...”, reflexiona un docente de la Facultad de Ciencias Naturales.

La inauguración del Centro de Interpretación fue la primera acción concreta orientada a sacar Ibatín del limbo. La pavimentación de la ruta y el cercado del perímetro son imprescindibles apuntando a iniciativas futuras. ¿Y por qué no la creación de un instituto provincial de investigación que funcione como paraguas del rescate de la ciudad? Hasta podría instalarse en León Rougés. A fin de cuentas, el Conicet cuenta con una sede en Anillaco...

Son ideas, de las muchas que circulan disparadas por todo lo que Ibatín encierra, sugiere y propone. Sin olvidar que el Archivo Histórico cobija la valiosísima documentación legada por aquellos tucumanos. El Bicentenario puede ser el momento para escanear y editar on line ese material, que quedará al alcance de todos y bien preservado a la vez. Empezando ahora, se puede aspirar a que en 2066, cuando celebramos los 250 años de la Independencia, Ibatín brille como hoy lo hace Santa Fe La Vieja. Eso obligaría a los próximos 12 Gobiernos a mantener la misma política.