Es el hábito de quien se deja dominar por el uso de alguna o algunas drogas tóxicas, o por la afición desmedida a ciertos juegos. La adicción, en especial a las drogas, viene enfermando y destruyendo progresivamente desde hace unos lustros a parte de nuestra sociedad, en particular a los adolescentes y jóvenes. Hay sectores desfavorecidos de nuestra ciudad que se han convertido en el blanco de los traficantes, como los barrios que integran La Costanera.
Hace unos días, el vicario de la Solidaridad afirmó que aunque el Estado está presente, cada vez son más frecuentes las muertes ligadas al consumo de estupefacientes y describió como “un desastre humanitario” a esa barriada ubicada a unas cuadras de la plaza Independencia. Agregó que otras zonas del Gran San Miguel de Tucumán se hallan igual o peor.
El lunes, vecinos del barrio El Sifón manifestaron en la plazoleta Mitre para expresar su indignación por la muerte de cinco víctimas del “paco” en lo que va del año; la última se mató el viernes pasado.
En el marco de esta realidad sombría, es una muy buena noticia el anuncio de la apertura de la segunda Fazenda de la Esperanza, que se inaugurará el 15 de agosto y funcionará en un predio de 30 hectáreas en El Saladillo, en la zona de El Cadillal. El centro podrá albergar a 40 varones. Dos de sus mentores señalaron que Tucumán es un “semillero” de adolescentes y jóvenes con problemas de adicciones. “Somos la provincia de Argentina que más adictos envía a diferentes fazendas del país (hay nueve en funcionamiento, la mayoría de ellas para varones). En el presente, más o menos 40 tucumanos se recuperan en el centro de Deán Funes (Córdoba)”, dijeron. Explicaron que el proceso de recuperación que prescinde de los fármacos y de los tratamientos médicos y se centra en el trabajo, el acompañamiento, la contención y el desarrollo de la espiritualidad. “No es una clínica sino una comunidad de vida donde se enseña a vivir distinto porque en un mes ya se está deshabituado de las drogas, pero dejar atrás al ‘hombre viejo’ lleva más tiempo... Y todos trabajamos ad honórem”, señalaron.
En 2011, en Monte Redondo, a cinco kilómetros al este de Aguilares, comenzó a funcionar la Fazenda de la Esperanza Santa Mónica, impulsada por el obispo de Concepción, como respuesta al clamor de muchas madres de drogadictos. Se trata de lugares de puertas abiertas y el ingreso es voluntario. No es necesario ser católico. La Fazenda fue creada en 1983, en Guaratinguetá (San Pablo, Brasil) por el joven Nelson Giovanelli. En el centro de rehabilitación suele haber una panadería, una huerta, un criadero de chanchos y talleres para aprender diversos oficios. Sin embargo, la de El Cadillal no cuenta aún con esa infraestructura.
A esta noble iniciativa se suma el hecho de que una familia donó las hectáreas y una de las viviendas para que este emprendimiento humanitario fuese posible, una generosidad poco habitual en los tiempos que vivimos.
Sería positivo si el próximo Gobierno implementara una política de Estado que sea integral y multiplicara los centros de rehabilitación de adictos, en los que también se proporcione contención y orientación a los padres. “Dicen que soy héroe, yo débil, tímido, casi insignificante, si siendo como soy hice lo que hice, imagínense lo que pueden hacer todos ustedes juntos”, decía Mahatma Gandhi.