En la comedia “Aprendices fuera de línea”, protagonizada por Owen Wilson y Vince Vaughn, los dos cuarentones entran como becarios en una sucursal de Google, en San Francisco. A lo largo de la película, van impregnándose de la cultura de empresa, que reúne en su infraestructura las condiciones ideales para desarrollarse profesionalmente. Proveen entre otros equipamientos, camas especialmente diseñadas para “dormir la siesta”, denominada “nappods”. Cada vez más empresas los ponen a disposición de sus empleados, pero con matices según los países.
En Europa, el concepto de siesta está lejos de ser implementado en la sociedad. En Francia por ejemplo, perciben la “siesta” como tiempo perdido en la jornada laboral. “En esta cultura, la siesta está desacreditada y considerada como una pérdida de tiempo”, confirma el doctor Eric Mulles, especialista en somnología. Tampoco tiene el mismo significado que acá. De hecho, se puede dormir la siesta en cualquier momento del día. Los niños duermen la siesta a la mañana, a la tarde, es decir que cualquier reposo se denomina “siesta”.
En el norte argentino, las cinco primeras horas de la tarde, este momento del día cuando se suspende el tiempo, se explica por razones climáticas. Sin embargo, el resto del país y en regla general los demás países no tienen esta costumbre.
Llega este momento del día, después de haber hecho funcionar a plena capacidad nuestras neuronas, durante el cual tenemos la impresión que ya no responde el cerebro. Entonces, el primer reflejo es de dirigirse hacia la máquina de café, y acompañar esta bebida regeneradora -en el momento solamente- con golosinas o galletas que lamentaremos haber comido cuando llegue el verano. No obstante, no es realmente la solución a nuestro problema, según los especialistas del sueño y de capacitación personal en empresas. Estos profesionales aconsejan la “siesta”. Perdimos la cuenta del número de estudios que comprueban los beneficios de este reposo posalmuerzo. Hasta la NASA estableció que aumenta un 35% las capacidades de aprendizaje y reduce los riesgos de accidentes viales o en el trabajo.
Además, en nuestras sociedades interconectadas 24 horas al día, con ritmos de trabajo cada vez más acelerados, empezamos a reducir les horas de sueño durante la noche. Es lo que manifiesta José Blunda, experto en gestión de personas en empresas. “Le hemos quitado una hora y media de sueño, mientras que para recuperar necesitamos ocho horas de descanso. Entonces el cuerpo está haciendo un esfuerzo para compensar, lo cual va a pasar facturas”, afirma el especialista.
En general, la siesta se ve como un acto de vagancia, pero Blunda se opone firmemente a este prejuicio: “puede mejorar la productividad, también mejora la atención, la fatiga mental y física”. Además pone de relieve los beneficios para la salud. “Deberíamos promover nuestra cultura de trabajo; la productividad en un sentido amplio y esto implica, además de producir resultados, cuidar y preservar la máquina que somos nosotros mismos”, puntualiza el director de la consultora +Personas.
“El ritmo circadiano (o biológico) cuenta con dos períodos de bajada de vigilancia; uno a la noche y el otro de las 13 a las 15 horas. El cerebro entra en una disminución de su actividad que genera una somnolencia natural; ergo es el momento ideal para dormir la siesta”, detalla el doctor Jorge Ávila de la Clínica del Sueño. Además explica que el reposo no debe superar media hora porque después uno entra en sueño profundo y al despertar está de mal humor o con la cabeza embotada.
Graciela Chamut, psicóloga especializada en gestión y administración de empresas, confirma el punto de vista del doctor. “Después del almuerzo, tipo 20 minutos, no hace falta dormir ni siquiera; relajarse, estirarse o dar una vuelta es suficiente. Pero dormir más de media hora es demasiado, en vez de ser un activador se vuelve en represor”, expone. Aconseja acostarse en un sofá o una cama y levantar las piernas para ayudar a la circulación: “el retorno sirve muchísimo como un gran oxigenador”. De allí el ejercicio de cerrar los ojos, tomar un ritmo de respiración más lento y amplio, y tratar de sacarse las preocupaciones de la mente para “desconectarse”. Se puede también escuchar música si ayuda a la persona. “Pensar positivo y constructivo ayuda a alejar el estrés, y, por lo tanto, a mejorar la calidad de vida”, especifica.
“El que para, repara”, añade, finalmente, Blunda.