“Una apasionante descripción de la forma en que un chico, de un día para otro, queda a la intemperie durante seis años. Un chico alemán encarna la recurrente verdad de que los inocentes suelen pagar por los pecados ajenos”. Esto decía la reseña del New York Times sobre el primer libro de Wolfgang Samuel, un texto que bucea en el pasado para mostrarnos la epopeya de un chico de nueve años que intenta escapar de los horrores de la Segunda Guerra Mundial y de sus secuelas. Ese chico que soñaba con subirse a uno de los aviones que surcaban el cielo alemán emigrará siendo adolescente a Estados Unidos para volver, una década más tarde y convertido en piloto, a su Alemania natal. Luego vendrán incontables misiones aéreas sobre la Unión Soviética y Vietnam, narradas en su libro Siempre quise volar.
- ¿Qué pueden encontrar los lectores en Un chico alemán?
- Un chico alemán es mi historia de supervivencia en la Segunda Guerra Mundial y lo que viví en los años de posguerra, cuando me instalé en Estados Unidos. Abarca mi vida entre mis nueve y mis quince años. Hay muchos libros sobre la guerra pero este tiene la particularidad de abordarla desde los ojos de un niño que describe lo que se vivió en Alemania durante el 45 y los años posteriores al final de la guerra, un período poco explorado que fue brutal, particularmente para los que vivíamos en el Este alemán. El hambre, las vejaciones y la desesperanza marcaron esa etapa. El lector puede acceder a la tragedia alemana enfocada por una mirada inicialmente inocente de un chico que va madurando y endureciéndose de golpe y a golpes. La sorpresa con el primer contacto con la muerte fue rápidamente reemplazada por la costumbre de convivir con ella y con sus señales. El frío, los abusos, la incertidumbre generada por los bombardeos, la destrucción y el caos. Como en toda situación crítica, afloraron grandes miserias como así también muestras notables de compasión y generosidad. Mi historia está llena de héroes anónimos gracias a los cuales mi familia sobrevivió.
- ¿Cómo llegó a Estados Unidos?
- En 1948 mi madre conoció a un militar norteamericano en Berlín con el que se casó. Así llegué a Estados Unidos, en 1951, que era el país de mis sueños. Aunque no todo fue fácil. Tenía quince años y no hablaba una palabra de inglés pero me esforcé y dos años después logré graduarme en un secundario de Denver, Colorado. En 1960, obtuve un título universitario y me convertí en teniente de la Fuerza Aérea. Ya siendo piloto me tocó volver a Alemania arriba de un avión en una misión de reconocimiento.
- Luego tuvo muchas misiones en las que voló con aviones espía, sobre la Unión Soviética, durante la Guerra Fría.
- Más de 100 misiones de reconocimiento sobre un avión RB-47H. Muchas de estas misiones están narradas en mi libro Siempre quise volar. Se trata de operaciones secretas que ahora fueron desclasificadas. Durante la Guerra Fría, estas misiones constituían una de las pocas formas en que el gobierno norteamericano podía recolectar información sobre lo que hacían los soviéticos. Para ellos, en cambio, era muy simple ingresar a Estados Unidos y espiar. Perdimos muchos aviones, la mayoría cayó cerca de los límites de la URSS.
- También voló en Vietnam.
- En el Norte de Vietnam participé en 77 misiones con un avión B-66. Nuestro objetivo era bloquear los radares para facilitar la penetración de los aviones caza en territorio norvietnamita. Era usual que nos topáramos con cazas vietnamitas y eso implicó que perdiéramos muchos de los nuestros.
- ¿Cuál fue la misión más difícil?
- Es difícil decirlo. El riesgo estaba siempre presente y no es sencillo identificar cuáles fueron los momentos de mayor peligro porque no teníamos muchos elementos para evaluarlo. Muchas eran misiones que se desarrollaban en el límite de nuestras posibilidades. Los misiles que nos disparaban nos hicieron pasar, desde ya, momentos tremendos. Pero a veces era el clima el que amenazaba con tirarnos abajo o la falta de combustible. Normalmente volábamos de noche, por momentos a ciegas, por lo que la incertidumbre y el stress nos acompañaban siempre. Lo bueno es que hoy, cuando me subo a un vuelo comercial y el avión se empieza a mover, no me pongo nada nervioso.
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PERFIL
Wolfgang W. E. Samuel nació en Alemania, en 1935, y emigró a Estados Unidos en 1951. Integró la Fuerza Aérea norteamericana durante 30 años y se retiró con el grado de coronel. Se graduó de la Escuela Nacional de Guerra de Ft. McNair en Washington, obtuvo un MBA de la Universidad de Arizona, fue investigador del MIT, oficial de intercambio en la Fuerza Aérea alemana e integró el equipo de cuestiones aéreas del Pentágono. Fue distinguido tres veces con la Cruz del Aire, la Presidential Unit Citation y The Outstanding Unit Award. Hoy vive en Washington y es autor de numerosos libros sobre sus experiencias.