No podía faltar una película argentina dedicada a los niños en las vacaciones de invierno. Y el aporte llega con “Locos sueltos en el zoo”, donde de entrada se apuesta más a la simpatía de los actores y de los personajes, en especial de los animales del tradicional paseo porteño, que a la originalidad del argumento.

La historia es simple, directa y sin ningún rincón para el análisis: sin que nadie lo sepa, el viejo cuidador Gregorio (a cargo de Alberto Fernández de Rosa), a punto de jubilarse, se comunica con los animales del zoológico de Buenos Aires, quienes tienen el don de hablar sin el poder de decidir. El secreto está bien guardado, hasta que lo descubre un recién llegado empleado por accidente, y se desencadena la pelea entre quienes quieren defenderlos y ambiciosos delincuentes que intentarán robarlos para venderlos a empresarios mafiosos sin escrúpulos.

La referencia a guiones de otras películas que utilizan los mismos recursos, como “Dr. Doolitle” para sólo mencionar una de las muchas exitosas, es ya una obviedad, junto con la presencia en la pantalla de conocidísimos actores y actrices argentinos que tienen como principal virtud expresar morisquetas o mostrar el físico, según el estado y la edad de cada uno. Sin embargo, se la presenta como un producto sano, de humor blanco y dirigido a toda la familia.

La película dirigida por Luis Barros tiene el respaldo de Walt Disney Studios Motion Pictures y de Argentina Sono Film. Ello no bastó para que grupos defensores de los animales hiciesen manifestaciones de protesta tanto durante la filmación en sí como en la avant premiere que reunió a famosos hace pocos días.