En el aire aún flota el polvo y en el suelo se acumulan vigas y cables. Pero Daniel Barenboim mira la obra con emoción y asegura estar cumpliendo ya un sueño: entre esas paredes de hormigón crudo germina uno de los proyectos musicales más originales de Europa.
La futura Academia Barenboim-Said para músicos árabes e israelíes entró en esta semana en la fase final de su construcción en el centro de Berlín. Su estructura fue inaugurada simbólicamente por el director de orquesta argentino-israelí, aunque abrirá sus puertas en la segunda mitad de 2016. “Sueño con una academia así desde hace años -sostuvo el pianista de 72 años en medio del esqueleto de la sala central-. Es un sentimiento único estar aquí. Es un paso más en un sueño que va camino a convertirse en realidad”.
La escuela eleva a una nueva dimensión una de las obsesiones de Barenboim, la visión de la música como vehículo de entendimiento, y se inspira en la orquesta de músicos israelíes y árabes West Eastern Divan, que el músico cofundó en 1999 con el ya fallecido intelectual palestino-estadounidense Edward Said. La academia se ubica en un antiguo almacén de la Ópera Estatal de Berlín, de la que es director general y que también está siendo renovada por completo.
Un centenar de alumnos provenientes de Cercano Oriente y de otras partes del mundo serán acogidos en períodos de cuatro años para estudiar música, filosofía o historia. “Porque la música no es algo fuera de la vida, de la existencia”, proclamó Barenboim. El edificio tendrá 21 salas de ensayo, un auditorio para 100 personas, y una sinuosa sala de concierto diseñada por el prestigioso arquitecto estadounidense Frank Gehry, que será su principal atractivo. Los más de 620 espectadores se distribuirán en torno al escenario y sobre un particular anillo ovalado y ondulado que “parece flotar en el espacio”, según definió el responsable del diseño.
Pero la academia es algo más que un nuevo hito arquitectónico y musical en la ferviente vida cultural de la capital alemana: también plasma el mensaje de paz que el músico cultivó en toda su carrera y que Alemania asume ahora como propio, al punto que aportará casi dos terceras partes del costo total del emprendimiento (casi U$S 38 millones). El resto será financiado por donantes privados.
“La música no resolverá el conflicto en Cercano Oriente, pero nuestra intención es crear un centro para artistas de toda la región que aprendan una forma de comunicarse entre sí y con los demás”, sostuvo el director.