Los grupos de K-Pop (pop de Corea del Sur) han conquistado el mundo con sus artistas carismáticos y multifacéticos, el impacto visual de sus videos y shows y, sobre todo, con sus coreografías. Pero el K-Pop es mucho más que música y baile: es un portal hacia el universo de la cultura coreana. Un universo signado por el respeto a la familia, la tolerancia, el sentido de autosuperación y la búsqueda de armonía estética, según los seguidores del género, quienes aseguran que todos estos aditamentos hacen superior a sus productos culturales.

En Tucumán, los amantes de la cultura coreana superan las 300 personas. Entre ellos se encuentra Gisela Dussin (27 años), una de las fundadoras de K-Pop Tucumán. “Las letras de las canciones son metafóricamente más elaboradas que las del pop común, no hablan de droga o violencia, y no hacen alusiones a sexo explícito ni tienen contenido degradante hacia la mujer”, dice.

Este género musical fue la punta de lanza de lo que se llama Ola Coreana o Hallyu, que es la expansión de los productos culturales coreanos, primero en Asia, luego en EEUU y finalmente en Latinoamérica. La Hallyu se inició en 2000 e incluye, además de música, novelas, cine, gastronomía y arte coreano.

Dussin, formó un grupo con sus amigas para cantar covers e imitar coreografías de sus ídolos. Una de las integrantes es Johana Velárdez (21): “empezamos a bailar para difundir todo lo que sabíamos de esta ‘subcultura’ y queríamos diferenciarla de otras subculturas asiáticas como el animé, que pertenece a Japón”. Los “fan dancers” son muy comúnes entre los apasionados del K-Pop. En la provincia hay aproximadamente 10 agrupaciones de este tipo. “Aunque no seamos profesionales, bailar nos ayuda a conectarnos con nuestros compañeros, a ser más tolerantes y a adquirir más seguridad en nosotros mismos mientras nos esforzamos para lograr cada paso”, cuenta Mailén Lazarte (16), otra de las chicas que pasó de la contemplación a la danza.

Esfuerzo y dedicación

El esfuerzo y la dedicación son característicos de las bandas de K-Pop: sus integrantes son reclutados desde muy jóvenes por empresas de entretenimiento y reciben un entrenamiento de entre cinco a nueve años antes de presentarse al público como artistas. “Los chicos se preparan durante muchos años. Se convierten en expertos en actuación, canto y baile -explica Dussin-. En Corea del Sur, el sueño del pibe es ser artista de K-Pop, como aquí lo es ser jugador de fútbol en primera”, agrega.

Los integrantes de K-Pop Tucumán tienen entre 15 y 35 años, y aclaran que no son una tribu urbana; se definen más bien como subcultura. El contacto con la Hallyu influyó en la cotidianidad de muchos de ellos. Algunos decidieron estudiar danza, otros compran productos gastronómicos o cosméticos traídos de Corea y muchos decidieron estudiar ese idioma. “Acercarme a esta cultura me sirvió para tratar más respetuosamente a mis mayores y para valorar el esfuerzo que hay que hacer para alcanzar una meta”, revela David Greninger (30).

Los jóvenes cuentan además que sus padres están contentos con que tengan este pasatiempo: “es un hobby sano y que transmite buenos valores -asegura Dussin-. Además, la afluencia de esta cultura está más presente de lo que imaginamos en nuestra vida, desde las B.B. Cream (base para la cara) hasta la moda, estamos constantemente influenciados por tendencias coreanas”.