En 1565, Ibatín había sido elegido para fundar una nueva ciudad: San Miguel de Tucumán y Nueva Tierra de Promisión por ser un sitio sin temperaturas extremas con bosques frondosos y arboledas crecidas, según narran las crónicas de la época recogidas por Teresa Piossek Prebisch.

Fue así que hace 450 años, el 31 de mayo de ese año, Don Diego de Villarroel, por instrucciones del Gobernador del Tucumán Don Francisco de Aguirre, procedió a la fundación de San Miguel de Tucumán.

Sin embargo, tiempo después el sitio comenzó a resultar un trampa para los pobladores. Las continuas sequías o las prolongadas lluvias, las enfermedades, las plagas y el continuo ataque de los indios motivaron el traslado de la ciudad.

“Los ataques de los indios eran feroces, según las crónicas de 1578. Rodeaban la ciudad y disparaban flechas encendidas sobre los techos de paja que ardían de inmediato”, relata Sara Peña de Bascary, historiadora.

Por esos tiempos la ciudad de Ibatín se componía de pequeñas casas techadas con paja -según describe Jaime Freyre- los edificios eran en parte de barro y cañas. Entre una casa y otras había anchos espacios vacíos donde la vegetación crecía libremente. Una casita de aspecto rural coronada por una cruz y una viga sostenía la campana. Se trataba de la iglesia Mayor que estaba bajo la advocación de Nuestra Señora de la Encarnación.

Los vice patronos, San Simón y San Judas, tenían su ermita a tres cuadras de la plaza. “Se los sacaba en procesión rogándoles que intercedan por lluvias o también cuando había heladas, plagas o temblaba la tierra”, agrega Peña de Bascary. Pero el ataque de los indígenas obligó a trasladarlos hasta el interior de la iglesia Matriz.

Protagonismo

Aunque fue breve, en Ibatín sucedieron hechos trascedentes. En 1612 el visitador Francisco Alfaro dictó las ordenanzas que suprimían el servicio personal de los indígenas. “Tucumán ya se perfilaba como la ciudad de la libertad e independencia donde tuvieron lugar hechos trascendentes como la Batalla de 1812 y el Congreso de 1816”, añade la historiadora.

Hacia 1588, los jesuitas se habían instalado en Ibatín. En 1613 recibieron la donación de Deán Francisco de Salcedo para la construcción de un colegio y un convento. “El templo, colegio y convento se llamó Santa María Magdalena. También la orden franciscana tuvo su templo, convento y escuela. Fueron los primeros en enseñar a leer y escribir en Tucumán”, destaca Peña de Bascary.

En la exposición que se inauguró ayer en el museo de Arte Sacro y que estará abierta al público durante dos semanas se pueden visitar algunos objetos que datan de la primera fundación de la ciudad.

Entre ellos las figuras de los vice patronos San Simón y San Judas, del siglo XVI, que hoy se conservan en la iglesia Catedral. Se trata de tallas de madera policromada y estofada. Con aureolas de plata labrada, San Simón lleva una sierra y San Judas una lanza del mismo material. Las figuras fueron trasladadas junto con la ciudad en 1685 en un arcón de madera tallada con herrajes de hierro que también estará expuesto en el museo.

Además se exhibe un gran óleo sobre tela del santo patrono San Miguel Arcángel. Lleva en la mano izquierda un banderín con la imagen del “ojo de Dios” y la espada en la mano derecha. En el centro se encuentra la imagen de Nuestra Señora de la Encarnación. El demonio derrotado a sus pies y dos ángeles a cada lado. Uno de ellos lleva un escudo con la leyenda “quién como Dios”. El autor es el artista francés Félix Revol, quien realizó la decoración de la iglesia Catedral.

Con motivo de los 450 años de la fundación en Ibatín, el Ente de Turismo inauguró el renovado centro de interpretación en esa localidad que recorre la historia del lugar y ayuda a interpretar los restos que perdura hasta hoy en el sitio.