Las copiosas lluvias de fines de febrero y de marzo ocasionaron inundaciones en el territorio provincial. Dejaron un saldo de 10.000 damnificados, 10 puentes dañados, canales y rutas deteriorados, así como pérdidas millonarias. Si bien se trató de un fenómeno meteorológico poco frecuente, también influyó la falta de obras hidráulicas estructurales o por mantenimiento adecuado, que podrían haber evitado tanto perjuicio.

La intensa tormenta del 10 de marzo pasado en el piedemonte tucumano ocasionó el crecimiento del río Lules, que derribó parte del puente sobre la ruta N° 301 (ex 38). Es el paso más empleado que une el municipio luleño con San Miguel de Tucumán, y en consecuencia, su rotura generó numerosos inconvenientes en aquellos que trabajan o estudian en la capital. La poderosa correntada se llevó consigo vacas, tractores, árboles, garrafas y gigantescas piedras de pobladores del barrio 2 de Abril; comió las barrancas y volteó un pilar del puente, provocando la caída de un terraplén de unos 10 metros.

En nuestro editorial del 13 de abril de 2012, comentábamos que las aguas del río Lules habían dejado al descubierto la estructura que sostenía el puente. A simple vista se observaba que las fundaciones estaban socavadas, y una de las causas era, según algunos expertos, la importante extracción de áridos en el área, lo cual había ido produciendo una reducción de la cota de protección de los cimientos del puente. Este resguardo se había reducido en una altura cercana a los tres metros. “La capacidad de cada pilote depende, de manera importante, de la profundidad con que se los haya introducido en el suelo; esa reducción afecta considerablemente la capacidad resistente por fricción del mismo”, señaló en esa oportunidad un ingeniero.

El secretario de Obras de la Dirección de Vialidad Provincial dijo en la ocasión que la extracción podía realizarse siempre que no se desequilibrara la capacidad de reposición. Si eso sucediera el río comienza a sacar material de otro lado que, en este caso, serían los cimientos del puente. Sin embargo, aclaró que no existía peligro de que el puente, construido hace 40 años, se cayera. Indicó que la repartición había construido una barrera de defensa de ripio y tierra para desviar el cauce y, de ese modo, evitar que el agua siguiera en contacto con los pilotes. Un ex secretario provincial de Medio Ambiente denunció entonces que los camiones sacaban diariamente tierra y ripio del curso de agua y ello se efectuaba de un modo más evidente en la zona de la Quebrada de Lules, debajo del puente carretero y del puente del ferrocarril.

En tiempos en que la prensa viene siendo estigmatizada porque sus comentarios o críticas responderían supuestamente a intereses contrarios a las políticas gubernamentales, vemos que nuestra observación editorial sobre la importancia de realizar un mantenimiento adecuado a los puentes y sobre los riesgos de la extracción de áridos, no era desacertada, si se tiene en cuenta que una porción del puente sobre el río Lules se cayó hace pocas semanas. Cabe preguntarse qué trabajos se realizaron en estos dos años para evitar el colapso de estas obras de artes. Se debería investigar si los fondos para su mantenimiento y reparación se emplearon verdaderamente en esta tarea o se les dio otro destino. Sería importante que el colapso de 10 puentes no quedara en el olvido y que se sancionara a los responsables.