El conflicto cambiario y financiero que afronta la economía argentina se inició hace cuatro años, cuando el Gobierno nacional expandió sus políticas fiscales, monetarias, cambiarias con el propósito de incentivar la demanda para ganar las elecciones. El creciente déficit fiscal se financió con emisión de moneda. Los salarios crecieron por encima de la inflación y el tipo de cambio que se usó para anclar los precios. Entonces, se generó un exceso de consumo que se financió con un drenaje de reservas internacionales que llevaron a una devaluación del peso.

La consultora Economía y Regiones (E&R) afirma que, en lugar de corregir estos desequilibrios, el Gobierno agravó los problemas con el cepo al dólar, que originó el mercado cambiario paralelo. Esta medida afectó a diversas industrias que importan insumos, al sector inmobiliario, a la construcción y a las agroindustrias que aportan dólares mediante las exportaciones, entre otros sectores.

Según el informe, tanto el diagnóstico como la estrategia del Gobierno fueron equivocados y, por ende, generaron malos resultados en términos de actividad, de empleo y de inflación. Los resultados de estas políticas afectan decisiones de inversión de las empresas. “Esto impacta en el crecimiento y en el empleo”, subraya el estudio.

Los costos del cepo

Los problemas cambiarios se trasladaron a la producción y a la industria, cuyas tasas de crecimiento se desaceleraron, en un principio, (en 2012 y en 2013) y se contrajeron 2.3% en 2014. Esta situación, afectó al mercado del trabajo y a las condiciones de vida de la población. La consultora explica que, si se considera el Producto Bruto Interno (PBI) por habitante en dólares -a precios de 2013- como medida del flujo de riqueza de la sociedad, se observa un marcado estancamiento a partir de la imposición del cepo. “A esto se suma que la devaluación del peso hace que la producción interna del país, sus activos y sus riquezas se abaraten para el resto del mundo. Se suele decir que una moneda débil empobrece a la población”, insiste la consultora en sus análisis.

En este sentido, E&R precisa que, según las cuentas nacionales, luego de la imposición del cepo, el PBI per cápita medido en dólares cayó a U$S 14.700, en 2013, y se redujo a U$S 12.600 en 2014, con la devaluación y con la recesión de la economía.

Por último, el reporte privado señala que la instauración del cepo cambiario, es un estigma que se ha repetido a lo largo de la historia argentina. “Cuando un modelo económico se agota, en lugar de corregir los desequilibrios y de modificar la política económica, la administración de turno elige mantener (e incluso profundizar) las políticas y extender la agonía para no pagar el costo político que implica implementar el cambio. Entonces, el desenlace es más traumático en términos de actividad, de empleo y de pobreza”, finaliza el informe privado.