No suele ocupar lugares de prioridad en las plataformas electorales, por lo general, se halla en los últimos puestos o directamente no figura. “Es lo que queda cuando se olvida todo lo que se aprendió”, decía de ella la escritora escandinava Selma Lagerlöf. Mientras que André Malraux afirmaba: “La cultura es la suma de todas las formas de arte, de amor y de pensamiento, que, en el curso de siglos, han permitido al hombre ser menos esclavizado”. Hace pocos días, el titular del Ente Cultural informó que la actividad cultural dependerá del calendario electoral. Las elecciones provinciales se realizarán el 23 de agosto y el nuevo gobernador asumirá el 29 de octubre. El presupuesto anual se extiende de enero a diciembre, por lo tanto, se estima que habrá partidas presupuestarias para noviembre y diciembre, meses de los que deberá ocuparse la futura administración.

A fines de agosto próximo se conocerá el nombre del sucesor del actual mandatario, sin embargo, el tradicional Septiembre Musical se efectuará con la programación ya diseñada.

El funcionario señaló: “nuestro proyecto es trabajar hasta el último día de gestión, pero no podemos comprometer cosas que vayan más allá de octubre. Quien asuma la tarea de hacer cultura en el futuro gobierno provincial debe tener la libertad para armar su propia programación. Nosotros vamos a realizar una tarea de colaboración con quien me suceda en el cargo. El final de una gestión no tiene por qué ser apocalíptico; por el contrario, hay que pensar en el bien de la provincia, con todas sus posibilidades y sus recursos en la transición”.

Por lo general, los candidatos conforman el equipo económico que los acompañará en su gestión en caso de resultar electos y en algunos casos, convocan a técnicos o especialistas en materia educativa, de salud, y se suma ahora el área de seguridad por ser un tema muy sensible a los tucumanos. Pero no se ha escuchado a ningún postulante anunciar propuestas en cultura o qué harán para la celebración del bicentenario de nuestra independencia.

Tal vez este olvido consuetudinario de la cultura en las ofertas políticas se deba al errado criterio de creer que esta es un mero entretenimiento. Y quizás también se deba a que a nuestros gobernantes pocas veces o nunca se los ve en actos culturales, por lo tanto desconocen la importancia de la cultura en el desarrollo de un pueblo. Además, se halla íntimamente relacionada con la educación. Tampoco, el turismo ocupa un lugar entre las prioridades, si se tiene en cuenta que la industria sin chimeneas dotada de una política de Estado, puede contribuir de un modo importante a la economía provincial. Y si las áreas de Turismo, Cultura y Educación lograran trabajar coordinadamente seguramente se daría un paso significativo al progreso. Se trata, por cierto, no sólo de pensar en el visitante, sino en comenzar a educar al mismo tucumano, generando conciencia sobre la importancia de cuidar nuestro patrimonio urbano, así como la higiene en nuestras ciudades y rutas.

La educación y la cultura hacen a las personas libres, dueñas de sí mismas; con ambas disminuye la delincuencia, la drogadicción y la corrupción. Sería positivo que nuestra clase dirigente lo entendiera y aprendiera que los seres humanos no somos variables económicas. “La cultura es como el agüita fresca, una necesidad”, decía la cantante mapuche Aimé Painé.