LONDRES.- Los restos mortales de Ricardo III, el rey al que William Shakespeare dedicó una de sus fantásticas tragedias, ingresaron ayer por la puerta grande de la catedral de Leicester, donde será “reenterrado” el jueves próximo casi con los honores de un funeral de Estado, en una multitudinaria ceremonia que será retransmitida en directo por la televisión británica.

El ataúd con el último rey de Inglaterra que falleció en el campo de batalla, salió ayer de la Universidad de Leicester para iniciar su último viaje hacia la catedral, más de 500 años después de su muerte. El último monarca de la dinastía Plantagenet falleció en 1485 en la Batalla de Bosworth, cerca de Leicester, mientras luchaba contra las fuerzas de Enrique Tudor (luego Enrique VII), poniendo fin a la llamada Guerra de las Dos Rosas.

Heridas

Descubiertos bajo un estacionamiento en 2012, los restos de Ricardo III fueron estudiados por un equipo de arqueólogos en la Universidad de Leicester. Los expertos que examinaron sus huesos señalan que sufrió ocho heridas graves en la cabeza, lo que apunta a una muerte brutal a golpe de espada u otra arma. Richard Buckley, el arqueólogo-jefe que estuvo al frente de las excavaciones, fue el “custodio legal” de los restos mortales.

El ataúd con los restos del monarca, fabricado en madera de roble por el carpintero canadiense Michael Ibsen -descendiente del rey que vivió en el siglo XVII- recorrió ayer la ciudad hasta Bosworth. Después, fue depositado en la Catedral, donde permanecerán hasta el entierro el jueves, donde se espera la presencia de Isabel II.

Según los historiadores, Ricardo III fue enterrado hace 530 años sin sarcófago y a toda prisa. Ahora, su segundo entierro se hará con todos los honores. Los costos del funeral, que ascienden a casi 3,5 millones de euros -unos U$S 3,8 millones- fueron financiados con donaciones.

“Esta es la oportunidad de recordar a la gente el extraordinario momento en la historia de Inglaterra que marca la muerte de Ricardo III”, dijo el obispo de Leicester, Tim Stevens. “Supuso un cambio de dinastía, el fin de una violenta etapa de guerra civil, el comienzo de la era en la que Shakespeare escribiría sus fantásticas tragedias, entre ellas la dedicada a Ricardo III, y el de una manera diferente de gobernar el país”, indicó. (DPA)