Cuando Derrida explica la différance, no puede sino hablar del tiempo, del presente como un pasado diferido. Porque la différance es, al mismo tiempo, lo diferido y lo diferente. Para el argelino, el significado completo está pospuesto, diferido, prorrogado. En “Hamlet”, por ejemplo, el espectro del padre del príncipe, que ha sido asesinado, actúa con gran potencia desde la ausencia.

“Ausencias”, de Gustavo Germano, tiene un doble movimiento: hacia el pasado y hacia el futuro. Porque -también lo advierte Derrida-, “nada está nunca del todo presente”. ¿Acaso podemos definir y encerrar el presente, en permanente transformación?

La fotografía, no hay que olvidarlo, es eso que ha sido e, igualmente, aquello que pudo no ser.

El arte ha tomado a los derechos humanos, sus luchas, víctimas y victimarios por distintos caminos.

La representación de la tragedia adquirió formas expresionistas donde el desgarramiento de los cuerpos ha sido un recurso muy a mano, así como el planteo de sufridos rostros. Luego siguieron las “siluetas”, que intentaron escapar a ciertos estereotipos, a figuras trilladas, en el momento del planteo artístico.

El proyecto de Germano, ciertamente, escapa a clichés y estereotipos, y propone una reflexión interesante sobre el tiempo y el espacio, que lo resuelve, precisamente, en un pasado que siempre actúa sobre el presente con el poder de transformarlo, incluso el presente, como pasado diferido. Un modo en el que inevitablemente opera la memoria, activando sus registros.