Sólo cuando se interrumpe el servicio, es ahí que atinamos a dimensionar cómo nuestras vidas dependen de esa conexión. Sin internet, sin celular y sin ni siquiera el teléfono fijo -que a veces parece de museo-, la sensación es que nos ataron de manos.

“Internet claramente se ha vuelto una parte fundamental en nuestras vidas, del mismo modo que la electricidad lo hizo antes”, dice Diego Saez-Gil, un tucumano que desarrolla proyectos tecnológicos en Nueva York y que creó, entre otras cosas, la primera valija inteligente, que permite ser controlada a través del celular con una aplicación.

Por algo -agrega- las Naciones Unidas declararon el acceso a internet como un derecho humano fundamental. “El acceso a la información, la comunicación y las herramientas de negocio que nos brinda son cosas extraordinarias, aunque es fácil tomarlas por sentadas hoy”, añade.

“Es fundamental que tomemos con seriedad la importancia de la tecnología para el progreso de la sociedad. Requiere un compromiso de los gobiernos, las empresas y la sociedad”, reflexiona Saez-Gil.

Sin lugar a dudas
“Cada vez hay mas consenso que un buen acceso a Internet, no sólo mejora las comunicaciones personales, también aumenta la productividad laboral”, explica sin dejar lugar a dudas José Blanco, experto en tecnología y gerente de Negocios Digitales de LA GACETA.

“En el norte de Argentina nunca fue así. Siempre hemos sufrido de una falta de conectividad que demora el desarrollo del comercio electrónico, el crecimiento del video, el desarrollo de aplicaciones, por ejemplo -añade-. Hay industrias que dependen totalmente de este servicio como las tarjetas y los telecentros que hoy están afectados por el problema”.

Según Blanco, a las caídas periódicas de los servicios de los principales proveedores hay que sumarle la eterna lentitud en la conexión de datos de los hogares norteños.

“Ya hace un tiempo el Gobierno nacional comenzó el proyecto de la Red Federal de Fibra Óptica que crearía un enlace redundante a través de todo el territorio nacional. Su iluminación (como se llama al habilitar la FO) permitiría duplicar como mínimo la capacidad existente y dejaríamos de temer por las obras viales e inundaciones en las rutas a Córdoba -sostiene Blanco-. Es esta la salida o esperar que las prestadoras mejoren la capacidad y creen una real redundancia de sus servicios (en otras palabras, que no se caigan nunca)”.