Matías no tiene paz en su propio velorio. Su espíritu, emancipado de su cuerpo, le reclama y lo increpa por haber llevado una vida apegada a lo material y a las satisfacciones individuales, y alejada de lo espiritual y de las cuestiones profundas y trascendentes. Este es el argumento de “El causante”, la obra de teatro que escribió, protagoniza y dirige Fernando Jiménez, y que será en el primer estreno de la temporada en la provincia.

La propuesta subirá a escena este viernes y el próximo en El Árbol de Galeano (Virgen de la Merced 435) y el sábado 24 en Ritmo Latino, un local ubicado en el primer piso de la galería del Paseo Francés en Yerba Buena (avenida Aconquija 1.620).

- ¿Qué te impulsó a escribir “El causante”?

- Lo hice para mostrar que las personas tienen espíritu. Soy un creyente católico activo practicante y fui seminarista, pero esta no es una obra religiosa ni mística, sino más bien filosófica.

- ¿Qué cuenta la historia?

- Parte de Matías, una persona convencida de que el espíritu era una creación de las religiones, por lo que vivía impulsivamente, con una profunda indiferencia hacia los demás y un exceso de hedonismo. Al morir, su espíritu le exige una revisión de lo hecho y le propone al público que sea una suerte de jurado en el juicio final.

- Es un unipersonal, pero con muchos personajes.

- Sí, por el escenario pasan su madre, su esposa, su amante, su padre, todos presentes en su velorio. Trabajamos especialmente con siluetas que indican los espacios, el paso del tiempo y las transformaciones que se van dando, con un diseño escenográfico de Fernanda Vargiú, también la encargada de la producción. En la puesta fue muy importante la asistencia de dirección de Natalia Yapura.

- ¿A cuál género responde la puesta?

- Es un velorio desopilante. La obra está escrita y puesta en una suerte de comedia, con elementos bizarros y de clown. No sé si llega a ser una obra de humor negro, pero sí tiene la crueldad de decir las cosas como son. También hay trazos de las obras infantiles.

- ¿Es un desafío especial abrir la temporada en Tucumán?

- Por supuesto. En realidad, es un espanto, porque hay muchos recursos que no están en la provincia. Se vive estas horas previas con una gran orfandad. Al público no se lo convence de antemano; se lo convoca y no se puede fallar.

- El año pasado estuviste haciendo stand up y shows más volcados al vodevil. ¿Hay diferencias con una obra de teatro como la que proponés ahora?

- El actor puede hacer todas esas cosas, pero debe entender que son distintas. En el stand up o en los monólogos, hay mucha improvisación y una fuerte relación con el público, que interviene mucho y del cual se depende mucho. También hay que reconocer que económicamente es mucho más factible, porque no tenés gastos y podés ir a cualquier lado sin problemas. En el teatro como tal, el texto marca la cancha y se atraviesa una seguridad distinta, el público entra en una codificación del lenguaje teatral desde otro lugar y con otras bases. No se depende tanto del estado de ánimo del momento en que está sobre el escenario ni de la gente que va a verte.

- ¿Volvés al teatro para quedarte o vas a transitar entre los diferentes estilos?

- No lo sé. Extrañé mucho hacer teatro, y regreso luego de bastante tiempo. Es un romance profundo que no quiero dejar.