Después de un año de trabajo, de rutinas, obligaciones, responsabilidades, exigencias, las vacaciones se convierten en una imperiosa necesidad, considerada por muchos especialistas casi como una cuestión de salud.

“El trabajo es una forma de ordenamiento social e individual: nos provee psíquicamente el ordenamiento de una rutina, a qué hora dormimos, nos levantamos, comemos, hacemos nuestros ejercicios... Sin embargo, necesitamos en algún momento cortar con ese orden, ‘desordenarnos’ un poco, para recargarnos, para ponernos las pilas y poder arrancar nuevamente”, destaca la psicóloga María Eugenia Farhat, especialista que integra el Círculo Cognitivo del Jardín.

Farhat recuerda la etimología de la palabra vacaciones. “Es el plural de vacación, un término que procede del latín vacatio y que hace referencia al descanso de una actividad habitual”, explica.

“Partiendo de esa base, podemos pensar que cuando iniciamos unas vacaciones podemos descansar de la rutina, de lo habitual de nuestro trabajo, de nuestra cotidianeidad, y hasta de nosotros mismos”, resalta.

Para la psicóloga, especialista en terapia cognitiva conductual, las vacaciones son ese momento del año en que podemos sacar “aquel sombrero o ese vestido que solo nos animamos a usar en la playa, o aquella camisa o remera extravagante que nuestro marido solo usa en los lugares de veraneo, porque jamás llevaría a la empresa sin recibir un llamado de atención”.

Es típico también que durante esos días de descanso desaparezcan los horarios y se almuerce, por ejemplo, a las tres o cuatro de la tarde, porque da igual, porque nada ni nadie nos apura ni nos reclama nada.

¿Tiempo perdido?

“Es muy necesario parar, ‘desenchufarnos’, refrescarnos, como el maratonista que se detiene momentáneamente al costado del camino para tomar agua y descansar por un instante, y luego seguir hasta llegar a la meta. Estamos muy acostumbrados a la idea de que en esta sociedad capitalista y consumista el tiempo de ocio es tiempo perdido. ‘Time is Money’ (el tiempo es dinero) es una frase emblemática de esta postura”, puntualiza Farhat.

Y esas ideas o creencias se trasladan a la vida diaria. “Con frecuencia escucho en el consultorio a pacientes de todas las edades decir que sienten un techo, una imposibilidad de avanzar en lo que vienen haciendo, que se sienten bloqueados. Podemos pensar metafóricamente en una computadora. Cuando esta se tilda, lo que hacemos es resetearla. Nosotros también necesitamos resetearnos. Reiniciar. O sea, volver a ponernos en estado inicial. A pesar de que luego de un nuevo comienzo no somos los mismos, ya que traemos el acopio de la experiencia, pero reiniciamos con un estado de descanso y frescura”, detalla la especialista.

La psicóloga recuerda el caso de una de sus pacientes, Julieta, de 22 años, estudiante de Ciencias económicas. “Me decía: ‘te juro que me re empeñé el año pasado, me sentaba horas frente a los apuntes y los ejercicios, pero no me entraba. No avanzaba’. Entonces trabajamos la necesidad que Juli tenía de frenar, de descansar, de disfrutar de salir con sus amigas, de ver un poco de tele, de realizar alguna actividad física, y ‘airearse’ un poco del entumecimiento del estudio. Este año rindió varias materias. Y conjuntamente se dedicó a hacer más cosas para ella, a disfrutar más de su vida en general. Indudablemente estaba necesitando una cuota saludable de ocio”.

Fortalecer recursos

Otro caso similar es el de Susana, de 42 años, quien ocupa un cargo jerárquico en una escuela. “Comenzó a sentirse saturada y atravesó algunos ataques de pánico”, manifiesta la psicóloga.

Luego hace un paréntesis para advertir que, lamentablemente, el ataque de pánico es un mal en crecimiento que aqueja a un número significativo de personas que trabajan en el área educativa.

Siguiendo con Susana, luego de observar que su estado estaba relacionado con el trabajo y con dificultades en las relaciones interpersonales en el ámbito laboral, le recomendó una licencia prudencial.

“Durante ese período de receso trabajamos en el fortalecimiento de sus recursos para volver a la escuela. El resultado fue óptimo. Susana no se victimizó. Lejos de ello, en la terapia pudo implicarse en el problema y buscar una solución. Claro que era necesario tomar oxígeno, alejarse del problema para verlo con mayor claridad, y volver fortalecida para enfrentarlo”, concluye.

Claro que este es un caso extremo. Pero no hay que esperar que suceda para tomar conciencia de la importancia que tienen unos días de descanso, de romper la rutina y de sentirnos libres de hacerlo que nos venga en ganas.