Autor de los tangos “Milonguero de hoy”, “Sentimental y canyengue”, “Cabulero”, “Tango al Cielo”, “Siempre Buenos Aires”, “Minguito Tinguitella”, “A Ernesto Sabato” y la milonga “Calentísima”, entre otros, Leopoldo Federico fue una de las grandes figuras del tango. 

El popular bandoneonista falleció en la madrugada de ayer a los 87 años, y sus restos fueron velados en la Legislatura porteña, informó la agencia Telam.

“Leopoldo es parte de la historia del bandoneón, fue un fuera de serie tocando. No se puede negar, te lo pueden decir desde los chicos de 17 años que quieren tocar como él, hasta los mayores. Su capacidad era inmensa, nació para el bandoneón”, aseguró el guitarrista Horacio Malvicino

Músico de tendencia tradicional, integró orquestas junto a Astor Piazzolla -con quien tuvo profundos desencuentros-, Alfredo GobbiOsmar MadernaHoracio SalgánCarlos Di SarliMariano MoresLucio DemareFlorindo Sassone y Alberto Marino. Formó una orquesta junto a Atilio Stampone (1952), con la que actuó en el cabaret Tibidabo y en Radio Belgrano, y otra con Osvaldo Berlinghieri.

De todos modos, su auge se produjo al acompañar al cantor Julio Sosa (1959) hasta su trágica muerte en 1964. 

Con el oriental grabó más de 60 títulos para el sello CBS Columbia, con éxitos masivos como “La cumparsita”, “El firulete”, “Cambalache”, “Mano a mano, “En esta tarde gris” y “Qué me van a hablar de amor”.

Allí lució un sonido tan diáfano como la voz del cantor, no sólo funcional como acompañante, sino que encontró un equilibrio entre el tango tradicional y ciertas formas de la vanguardia que no fue advertido en aquel tiempo sino muchos años después.

En Japón

Su Orquesta Típica -una de las sobrevivientes entre las grandes agrupaciones tangueras- era integrada, en 2007, por él mismo y otros grandes músicos. 

Era presidente de la Asociación Argentina de Intérpretes y fue el primer tanguero en grabar un compact disc, en Japón, en 1987, además de haber sido solista en la presentación del “Oratorio Carlos Gardel” (1990) de Salgán-Ferrer.

En el cine fue autor de la música de los filmes “Rosa de lejos” y “Buenos Aires tango” y apareció personalmente en los documentales “Por la vuelta” (2002), “Si sos brujo: una historia de tango” (2005), “Café de los Maestros” (2008), “Mercedes Sosa, cantora. Un viaje íntimo” (2009) y “Pichucho” (2014).

Deterioro físico

La vida privada de Federico no fue fácil: acompañado por su esposa de años Norma Filomeno debieron compartir el nacimiento de un primer bisnieto, en 2000, con la muerte de su hijo Osvaldo, en 2001, a raíz de un fallido trasplante de hígado. El músico estaba en Japón en ese momento y el episodio derivó en enfermedad y un deterioro físico evidente, a partir del cual comenzó a usar bastón, pero no le quitó la bohonomía que podían apreciar quienes lo visitaban en su despacho de la presidencia de la Asociación Argentina de Intérpretes.

“Tenía una capacidad fuera de serie. Es uno de los bandoneonista de la historia, si no es ‘el’ bandoneonista de la historia. Era un tipazo, una persona encantadora, amiga de todos”, relató Malvicino. 

El destacado compositor, director de orquesta y bandoneonista, que decía que “el tango es mi vida misma”, había nacido el 12 de enero de 1927.

La desaparición de Leopoldo Federico se suma a la de Horacio Ferrer, ocurrida la semana pasada.

“Tenía un gran manejo de los silencios”

“Fue un músico impresionante, de mucha técnica, y por sobre todo, tenía un gran manejo de los silencios”, le explicó a LA GACETA Carlos Podazza

“Mi viejo admiraba a Leopoldo Federico, y siempre hablaba de Troilo (Aníbal) y Leopoldo como los más expresivos bandoneones del tango. Integró de muy joven la orquesta del genialOsmar Maderna, en la que también tocó mi padre Eduardo”, recordó el músico.

Más adelante, contó que lo empezó a escuchar cuando formó el cuarteto con el guitarristaRoberto Grela. “Contaba las letras de los tangos con el instrumento. Su música era una poesía”, concluyó. 

“Hablar de Leopoldo Federico es hablar de un bandoneonista, compositor, arreglador y director de tango. Formó parte de las grandes orquestas de los años 50 y para él fue toda una dicha estar con los más grandes, describió Mariela Acotto.

La cantante tanguera dijo; “concibió al bandoneón como una extensión de su alma”. Y luego agregó: “Siempre estaba actualizado y estudiando horas y horas, aunque en su ultima etapa se recluyó en su casa de Ramos Mejías donde recibía la visita de amigos como también la de jóvenes músicos, que necesitaban de su generosa sabiduría, a la hora de hacer sonar el bandoneón con esa impronta de nostalgia y melancolía que caracterizaba a Leopoldo Federico”. “Es la ley de la vida que las figuras emblemáticas del tango van alzando vuelo, pero dejan las huellas tan necesarias para continuar sus obras y seguir enriqueciendo a este singular género de música”, señaló.