“Por ejemplo, ir a una biblioteca. Comenzar a buscar y encontrar, de pronto, 14 manuscritos de Benito María de Moxó, eclésiástico de Charcas, y respirar a través de esos manuscritos la conflictiva relación entre la Iglesia y el ejército patriota”, elige Roberto Vega Andersen, cuando se le pregunta qué hizo que un periodista cultural en los años 80 del siglo XX deviniera anticuario, editor de obras de arte, defensor de las artesanías, a las que prefiere definir como “arte popular”, curador de numerosas muestras de arte criollo- entre ellas la de platería argentina, en Frankfurt- amigo de artistas como el orfebre Juan Carlos Pallarols, una de cuyas obras él trajo hace poco a Tucumán. Dueño de “Hilario”, Artes, letras y oficios”, en la porteñísima Recoleta, cuando empieza a hablar de lo suyo, Vega Andersen exhibe su marca en el orillo: la del gestor cultural convencido de que el arte “debe circular”; que “hay que crear público”; y que una obra de arte es “un pretexto para contar una historia”. De todo eso habló con LA GACETA, de paso por Tucumán, donde vino invitado por Segundo Ramos, un casi tucumano a quien él define como “un generador de un espacio de síntesis entre la valorización del patrimonio, el mercado y la difusión del arte”.

- ¿Por qué les cuesta a las artesanías argentinas dar un salto de creatividad?

- Argentina tiene un problema muy serio en ese aspecto que, por ejemplo, no lo tiene Uruguay. El peso de la tradición es tan fuerte, que condiciona a los artesanos a ser repetitivos, porque el modelo que ya se ha instalado culturalmente es un modelo que vende. Y ser creador es tener la audacia de modificar la tradición y, además, de acertar económicamente para que este producto se incorpore a las pautas de consumo de la sociedad. Y eso es difícil si no se trabaja desde un organismo público que ayude, por ejemplo, a combinar los diseñadores que hay en las carreras de diseño- muy desarrolladas, pero muy poco aplicadas a las artesanías, con los maestros artesanos.

-¿Diferencias entre una obra de arte y una artesanía?

- Es un debate eterno, el arte ha variado tanto, que ni siquiera tenemos definiciones unívocas acerca de qué es al arte. Un ejemplo, yo he trabajado muchísimo con Pallarols, y el maestro orfebre no acepta que le digan que es artista. El se reivindica como artesano, y no hay duda de que es artista, porque quiebra el desarrollo de lo que es la artesanía tradicional. Es un innovador permanente, que incorpora otros oficios a sus obras, característica muy poco aplicada en la Argentina, donde se tiene la apreciación de que el artesano debe ser autónomo, que no deben intervenir varias manos; y en otros países no es así.

-Vamos al mercado de arte, ¿lo hay en el interior del país?

- Sí lo hay. En el NOA, sobre todo Tucumán, tiene historia en haber quebrado tradiciones pictóricas. Por eso, cualquier coleccionista del Siglo XXI arraigado en el NOA debe saber que tiene que partir de sí mismo.

-¿Qué diferencias hay entre el coleccionista de Buenos Aires y el del las provincias?

- En Buenos Aires ha habido un cambio importante porque el coleccionista tiene mayor visibilidad, busca mejorar su producción, entiende lo que le falta y lo muestra con orgullo. Entiende que está haciendo didáctica cuando muestra su obra. El interior no muestra; está en una etapa previa; es el caso de Tucumán. Tienen que reivindicarse públicamente como coleccionistas; tratar de entender que lo que tienen reunido es importante; no me cabe duda de que varias colecciones del NOA son mas ricas que las colecciones públicas, que en determinado momento dejaron de comprar. Pero esto no es útil comunitariamente si no se transmite; hay que reunirse con historiadores del arte que puedan hacer una lectura crítica de esa colección, editar catálogos, hacer exposiciones; y llevarlas a Buenos Aires para que allí se pueda dimensionar lo que hacen los artistas del interior. Hace dos meses hice en Rosario una curadoría de la obra de Víctor Quiroga. Y estamos en una iniciativa de intercambio con otras disciplinas, para una futura muestra. Me interesa este cruce que hay hoy en el arte.

› Roberto Vega Andersen

Dueño de “Hilario”, en Buenos Aires. Anticuario, experto en artesanías y platería criolla, editor (de “libros objeto” sobre el mate y sobre arte textil, de obras de arte y fotografía antigua), ha sido curador de numerosas exposiciones en el extranjero, entre ellas la del “Gaucho, tradición y fe”, en 2013, en el Vaticano y el del Poncho argentino. Muy amigo de Juan Carlos Pallarols, ha impulsado la edición de la obra del famoso orfebre argentino.

Debutar en el coleccionismo
- Lo primero que le aconsejaría a alguien que nunca haya comprado una obra de arte es que no tenga miedo.

- Que compre lo que le guste, la obra que le comunique. Que no piense como inversor. Si después esa obra se convierte en una inversión, bienvenida sea.

- Que no necesariamente priorice la firma.