Una película multigénero fue este 1-1 de River y Boca. Un dramón de aquellos. Un film con ribetes cómicos. Una de terror sin argumentos futbolísticos. Y de suspenso, mucho suspenso. El Monumental fue por una tarde el set de rodaje de “Chapoteando bajo la lluvia”, un clásico superclásico.

Defensores otrora malditos devenidos en goleadores (Magallán y Pezzella), un héroe de antaño convertido en villano por obra de un penal errado (Mora), un árbitro al que el talle del partido le quedó grande (Vigliano), dos expulsiones, bloopers y los corazones de unos y otros al borde de un ataque de nervios hasta el fin.

El primer tiempo fue de locos. Mezcla de waterpolo y rugby. Ganar metros y tirarla cerca del área del rival se transformó en el único guión posible de actuar. Lo trabajado en la semana quedó en el vestuario, porque nadie podía confiar en el bote de la pelota, ni desprevenirse ante un eventual resbalón.

“Me tiró un cable la lluvia”, escribió alguna vez Joaquín Sabina. Así parece que fue nomás para el equipo del que es hincha, Boca. Porque River se quedó sin poder hacer su juego de presión alta, de circulación de balón, de ataque incontinente en un campo de juego anegado. Y la visita, desde su presente y sobre todo desde su historia, dijo a mi juego me llamaron. Así llegó el gol del N°22, al minuto 22. Magallán, paradójicamente que había recibido el rótulo de talón de Aquiles ante la baja del “Cata” Díaz, se tiró al suelo para mandar a la red un centro de tiro libre de Carrizo: 1-0. Un gol a lo Boca, a lo Palermo.

River sintió el impacto y fue a la carga Barracas, con confusión acrecentada. Quien le dio una mano al local no fue la lluvia, sino Vigliano, que juzgó penal un despeje de Gago primero con la cabeza y luego con el pie. El inexperto árbitro erró por partida doble, porque expulsó al volante central por último recurso, cuando en realidad Orion estaba detrás de él. Y para no ser menos que el pito, Mora también la pifió feo: levantó su remate un metro por encima del travesaño.

El primer tiempo terminó con Boca reclamando por su hombre menos y con River protestando por el off-side cobrado a Sánchez que derivó en gol anulado a Teo.

La lluvia mermó un poco después del intervalo y de que el sustituto Boyé se perdiera el primero de tres goles increíbles. El “xeneize” parecía tener el partido controlado, aunque achicaba hacia atrás y se metía muy cerca de su propio arco. Con 10, sin Gago, parecía cerca del triunfo. La impaciencia ponía al “millo” contra sus propias cuerdas. Y podía quedar al borde del nocaut en cualquier contra. Claro que el director de orquesta Gallardo tuvo una inspiración genial: mandó a la cancha a Pezzella, menos conocido por sus dotes de central que por su cabezazo goleador. Lo mandó a jugar de nueve y en la primera que tuvo, a los 78’, cabeceó con un gran gesto técnico. Orion, que había salvado dos claras, en esta dio rebote. Y el central de reparto se convirtió en protagónico: la fue a buscar y la mandó a guardar como si fuera Morete, Crespo y Saviola juntos.

Pero como esta “peli” tiene giro inesperado, el 1-1 alivió a River -que así seguía invicto y puntero al menos una fecha más- pero despertó de su letargo ofensivo a Boca, ni que hablar cuando Funes Mori, asistidor en el gol del empate, puso demás y vio la roja. Diez contra diez, en una Chávez se perdió la gloria por apenas unos centímetros, en otra un pique en falso dejó a Barovero en ridículo y en otras dos Boyé dejó en claro que todavía no es su homónimo Mario. Vigliano, quizá, zafó un poco con el empate.

Con el pitazo final ambos se quedaron con una sensación rara. Como si, de una manera u otra, se les escaparon los dos puntos. Eso sí, este “thriller” entretuvo a todos.