De las maniobras al límite en los caminos del rally a practicar el swing en los campos de golf. Con sus 54 años (20 de ellos como deportista), Roberto Castro, piloto que supo destacarse en pruebas locales y nacionales, puede decir que, si se trata de pasiones, él sabe cómo darles continuidad...

- ¿Cuándo y cómo es que decidiste el cambio?

- Dejé de correr hace unos cinco años. Venía de sufrir una tragedia familiar por el fallecimiento de uno de mis hijos en un accidente y eso fue determinante. Para enfrentar la exigencia que representaba el rally tenía que entrenar, eso me mantenía más o menos en forma. Al dejar de correr, como tengo una tendencia a engordar, debía encontrar una actividad que reemplace a la anterior. Caminar por caminar no me gustaba, entonces decidí hacer golf. Llegué a esto sin muchas expectativas, al juego no lo comprendía. Pero es hoy y puedo decir que opino muy distinto.

- ¿Similitudes entre correr en un auto y jugar al golf?

- Son actividades muy distintas una de de otra. ¡Incluso es mucho más barato el golf! Jaja. Pero bueno, si tengo que determinar algo que las relacione, me parece que sería esto: la satisfacción que se siente al ganar un prime es la misma que cuando se logra hacer un golpe bueno.

- ¿Te produce nostalgia el automovilismo?

- Claro. Mucha nostalgia. Fue una pasión de chico que recién concreté de grande, a los 34 años. Antes formé mi familia, hice mi casa, desarrollé mi empresa. Y entonces me enganché con los motores. Corrí 16 años, gané muchas competencias, fui campeón argentino. La verdad, fue una etapa muy linda de mi vida. Hoy, sigo a la disciplina en la televisión, en los diarios, las revistas.

- ¿Quizás estés pensando en un regreso?

- ¡Noooo! Colgué el volante definitivamente.

- Mientras corrías representabas a Tucumán, siendo que tu origen es Buenos Aires...

- Sí, nací en San Isidro, me crié en Boulogne, pero soy un tucumano más. Mi papá, Teófilo Castro Fernández, español de flamantes 80 años, se casó con una tucumana, Aurora Gregoria Muñoz. Un día ellos vinieron a pasear y un tío me ofreció trabajo en una distribución de cigarrillos. Me vine, y con el tiempo mis viejos también. Con el paso de los años formé mi familia con Sofía Estela Díaz y tuvimos tres hijos. En 1985 empecé un emprendimiento como distribuidor y eso terminó por fortalecer mis raíces con la provincia.

- Volvamos al golf. ¿Qué es lo que te atrapó del deporte?

- Todo: el juego, los amigos, la rutina saludable que genera. Yo por ejemplo, cada vez que voy a jugar, camino entre 10 y 12 kilómetros, durante cuatro horas. Y lo hago dos o tres veces en una semana. Es decir, es una actividad que tiene su exigencia, pero que mientras ello ocurre, se disfruta.

- ¿Y en el juego cómo estás?

- Mejorando, poco a poco. Recuerdo que mi primer contacto con una cancha fue acompañado por un instructor y un amigo, en 2009. Antes había estado entrenando un mes en el campo Las Tuquitas, pegándole a las pelotas contra una tela mediasombra. Desde que saqué hándicap, en 2011, fue aprendiendo bastante. Hoy tengo 29 de hándicap y en poco tiempo lo bajaré aún más. Ya gané torneos y concentro mi actividad en las canchas de El Siambón y de San Pablo.

- ¿Te acordás de tu primera victoria?

- Fue en una laguneada por equipos en Raco en 2012. Y en el mismo lugar gané por primera vez de manera individual en 2013, en el torneo “Mi Amigo el Dotor”.

-¿Cómo te definís como jugador de golf?

- Como uno en permanente aprendizaje. Juego muy derecho y por el medio; lo mío no son los tiros largos al green, porque eso es algo muy difícil de lograr. Este es un deporte en el que influye mucho el estado de ánimo. Por ejemplo, si estás enojado, o nervioso, chau, fuiste.

- Para alguien que viene de haber sido protagonista en una disciplina pura adrenalina y velocidad, el cambio debe haber sido fuerte...

- En cierta forma sí. Pero lo viví como algo natural. En el golf, no todos los días son iguales. Es algo así como la vida misma.