Manos que aplauden, pies que bailan, voces que se elevan, guitarras que vibran, bombos que marcan la vida de un pueblo que sigue cantando. Y con “La Tempranera” una vez más, se confirma que la canción popular es doblemente bella: frondosa en su creación, hasta las estrellas y de raíz cálida y profunda, porque se nutre del mismo corazón de la tierra.

La zamba que fue el primer símbolo del Festival Monteros Canta a la Patria, Fortaleza del Folclore Nacional fue creada por dos artistas militantes del romanticismo cultural. Ellos son el poeta, historiador, abogado, folclorista, crítico y pintor puntano León Benarós y el pianista y compositor santafesino Carlos Vicente Guastavino.

“Uno de los motivos por los que la música de raíz folclórica adquirió una noble y prestigiosa dimensión, fue el aporte de músicos y poetas de elevada trayectoria. Entre ellos ellos cabe mencionar a Guastavino, quien opone a su simpatía y sencillez una estricta autocrítica e inflexible responsabilidad profesional”, opinó Roberto Juárez, miembro de la primera comisión organizadora del festival monterizo.

Acusación

“Guastavino -agrega Juárez-, que se caracterizaba por su fecunda inspiración, logró que sus obras recorrieran el mundo, y hasta su muerte (en el 2000) constantemente brotaron de sus dedos nuevas melodías. No pudo librarse de su genio, sin embargo: los envidiosos y malvados de siempre lo acusaron de plagio. Todo un absurdo para un creador y talentoso músico como lo era él”.

Además, explicó el profesor Edgardo Sánchez Tello “conociendo la sensibilidad de Guastavino, no nos extraña pensar que cada mujer se siente protagonista de La Tempranera. Y cada una, al oírla, evoque su romance adolescente”. Por eso es que su melodía nos envuelve en su amorosa insinuación. Y, según lo explicó alguna vez Benarós en un reportaje concedido a la revista “Folclore”, “la música, oyéndose una y otra vez, en la alta madrugada sugiere hondamente un amor de adolescencia. Mis padres vivieron en Monteros cuando yo no había nacido aún. Después conocí a una tucumana que tenía todo de La Tempranera”.

El nacimiento

“En realidad, la zamba comenzó a a gestarse el 28 de marzo de 1963, cuando Benarós entrevistó al maestro Guastavino. El reportaje sorprendió gratamente al poeta de San Luis, cuando su interlocutor terminó hablándole de su primer libro”, describió Sánchez Tello.

“La cuestión es que Guastavino le preguntó a Benarós por qué no escribía letras para composiciones populares y le confió que estaba dispuesto a volcarse a la música popular, Aún más, le remarcó que sería una felicidad oír a alguien silbar en la calle una de sus composiciones. León, que descendencia de una familia sefardí de origen marroquí, con una sonrisa un poco irónica, le acercó su carpeta en la que venía acumulando, sin destino, letras para composiciones populares y le leyó ‘El sampedrino’. Carlos se emocionó nuevamente, lo cual halagó a Benarós. Al poco tiempo, el talentoso músico santafesino le puso melodía y armonía”, detalló Marcos Guevara, otro de los miembros de la histórica comisión que presidía el poeta Manuel Aldonate.

“En mayo de 1964 -cuenta Juárez-, Guastavino llamó al poeta para pedirle una letra para una zamba a la que ya le había compuesto la música. El músico sugería utilizar una leyenda sobre un pájaro o una flor. Pero el poeta insistió que la música le sugería hondamente un amor adolescente”.

La estrenó Falú

El profesor Sánchez Tello puntualizó que el viernes 9 de agosto de 1964, Eduardo Falú, que había conocido la zamba en la casa de Guastavino, la estrenó en radio El Mundo. Después la grabaron “Los Indianos”, en una versión juvenil que le dio gran impulso. Y se fueron sumando Mercedes Sosa, Los Nocheros, Los Fronterizos, Jorge Rojas y un sin fin de cantores y conjuntos populares. De hecho, aún sigue su éxito a pesar del paso del tiempo.

Tanto Juárez como Tello y Guevara estiman que “la zamba no sólo seguirá siendo un éxito sino que no morirá. Es una de esos temas u obras musicales que duran para siempre. Como los cuadros de famosos pintores se metieron en el corazón y en el gusto de la gente”.

La tempranera tuvo el auspicio de grandes espíritus para ser lo que es. Más allá del tema de Favini y el Chango Nieto, Zamba a Monteros, que apareció varios años después (cuando La Fortaleza ya era la capital folclórica de Tucumán) la zamba de Guastavino se impuso.

La familia de Benarós dejó su Villa Mercedes natal, en San Luis, para vivir en varios lugares: primero, en Lomas de Zamora (Buenos Aires); luego, en Eduardo Castex (La Pampa) y, por último, en la capital mendocina. De joven ya le gustaba la poesía y la historia, y empezó a escribir alrededor de los 14 años, en Buenos Aires.

Durante 17 años participó como jurado en el programa televisivos de preguntas y respuestas “Odol pregunta”. Fue cofundador de la revista literaria Correspondencia México-Argentina (1946) y del periódico Contrapunto (1944-1945).

u EMBLEMA MUSICAL.- Otro emblema musical fue la creación de la zamba “A Monteros”, con música del fundador del trío San Javier, Pedro A. Favini, y letra del salteño Chango Nieto. El tema es pegadizo, pero muchos sostienen que se hizo por razones comerciales. Un argumento distinto al de La Tempranera, más melódica.

u JURADO.- El primer jurado del Festival Folclórico de Monteros estuvo integrado por dos representantes de la delegación de Buenos Aires, María de Luján Otha y Pedro Berruti; Blanca C. de Gambarte, de la entonces Dirección de Turismo de Tucumán, y por la poetisa Carola Briones, en representación de Tucumán.

u CONGRESO Y FESTIVAL.- En la tercera edición de Monteros canta a la Patria, se desarrolló el Primer Congreso Nacional de Folclore, que contó con la participación de Gelasio Albornoz, Santillán Sal, Raúl Cerruti y Arturo Mercau, entre otros.