“Mirá ese tipo”, le dijo Silvia Susana Castillo a su esposo Claudio Roselló el domingo 13 de diciembre de 2009 a las 5. Luego vinieron los disparos que acabaron con la vida de la mujer. Ese tipo, dijo ayer la Justicia, era Miguel Sebastián “Garrón” Romero.

Ayer a las 14, las camaristas María del Pilar Prieto, Wendy Kassar y María Alejandra Balcázar condenaron por unanimidad a 20 años de prisión a Romero, al considerarlo responsable del homicidio de Castillo de Roselló. Matías Jesús “El Gordo” González tuvo una participación necesaria en el crimen, y fue sentenciado a 12 años de prisión.

La fiscala de Cámara Marta Jerez de Rivadeneira describió en sus alegatos el ataque que sufrieron los Roselló. Habían llegado del cumpleaños de un familiar y Claudio Roselló detuvo el Citroën ZX en el garaje de la vivienda ubicada en el pasaje Bascary al 4.100, en el barrio Ciudad Parque (a la altura de Santiago del Estero al 4.100).

Roselló y su hija Melisa Roselló descendieron del auto para abrir el portón. Cuando el hombre estaba subiendo nuevamente al vehículo, su esposa le alertó que se acercaba una persona desde la esquina con Belisario Roldán. “Estaba a unos 15 metros de distancia, sacó un arma, la remontó y comenzó a disparar”, explicó Jerez de Rivadeneira.

El homicida regresó a la esquina y se subió a una moto. La persona que conducía ese rodado era Matías González, de acuerdo al fallo de la sala IV de la Cámara Penal. Entre otras pruebas, la fiscala mencionó que cuatro días más tarde de ese hecho, se produjo un tiroteo en el barrio Juan XXIII, donde vivía “Garrón”. Los disparos, según los testigos, los había hecho Romero. El tiroteo, que había sido investigado por el entonces fiscal Carlos Albaca, y la causa no tuvo avances.

Sin embargo, fueron comparadas las cuatro vainas servidas calibre 9 mm que se levantaron en el frente de la casa de los Roselló, con las dos que encontraron en el barrio Juan XXIII, donde ocurrió el tiroteo. El resultado de la pericia fue contundente: todos los proyectiles habían sido disparados de la misma arma, que pertenecería a “Garrón”.

La fiscala de Cámara pidió 14 años de prisión para los dos acusados, y el querellante Guillermo Orso requirió que los condenaran a 25 años de prisión por homicidio simple. “Los disparos de Romero tenían toda la intención de herir y causar la muerte. No debía morir Silvia, tenía mucho para dar”, alegó el representante de la familia.

El defensor de Romero, Pablo Rivera, solicitó que sea absuelto por el beneficio de la duda. Roberto Flores, que asistió a González, pidió la absolución para su defendido, argumentando que no se había probado que “El Gordo” estuviera con “Garrón” la noche del ataque. “Ni siquiera se conocían”, aseguró.

En sus últimas palabras, los acusados se declararon inocentes. González contó que hace tres años le mataron a un hijo de 14 años. “No podría hacer algo así”, dijo.

La sentencia

A las 12.45, las juezas anunciaron que comenzaría la deliberación y convocaron a todos para las 13.30. Durante la espera, la familia de la víctima no se apartó de la puerta de la sala de juicio oral. Tampoco lo hicieron los familiares de los acusados.

A las 13.45 habilitaron el ingreso a la sala de juicio oral. En el sector norte se ubicaron los Roselló, y en la fila sur los allegados de Romero y González. Pero aún quedaba gente afuera, por lo que las juezas ordenaron que las puertas quedaran abiertas para que todos pudieran escuchar la sentencia.

Cuando Romero y González escucharon que habían sido condenados, no realizaron ningún gesto. Del otro lado del salón, los familiares de la víctima se abrazaron y estallaron en llantos. El tribunal dispuso que se retiraran antes que los allegados a los condenados, para evitar que se cruzaran. Antes de salir, Melisa Roselló se acercó hasta las juezas y, con lágrimas en los ojos, les agradeció la sentencia. “No puedo decir que estoy contenta, pero sí un poco más aliviada. Ahora mi mamá podrá descansar en paz”, manifestó la joven.

Los abrazos se repitieron en la vereda de los tribunales penales. “Sé que no voy a recuperar a mi hija, pero al menos se hizo justicia”, expresó Miguel Castillo.

“Pasaron cuatro años y medio hasta conseguir que estos homicidas sean condenados. Una vez que nos serenemos, vamos a ir a visitar a Silvia”, manifestó Claudio Roselló, y luego regresó a casa con sus hijos. A esa casa en la que, a pesar de la sentencia, Silvia sigue faltando.