La Argentina está en un "default selectivo", según las calificadoras de riesgo. Esto quiere decir que, pese a tener voluntad de pago, el país entró en una cesación de cumplimiento de algunas obligaciones por una decisión judicial, planteada por el grupo de bonistas que no entraron a los canjes de 2005 y 2010. Ellos quieren cobrar sin quita, pero el Gobierno se resiste a eso, argumentando que, si lo hace, activará más demandas judiciales. De hecho, la gestión de la presidenta Cristina Fernández ha honrado anticipadamente el pago de los vencimientos de fines de junio de sus títulos bajo legislación norteamericana, pero los fondos no llegaron a sus destinatarios, los acreedores reestructurados.

Los argentinos ya hemos vivido la experiencia de un país en default. En 2002, hubo corridas financieras, aumento de los indicadores socioeconómicos y una situación de pobreza, como pocas veces en la historia de nuestro país. Hoy la situación es completamente diferente, pero la incertidumbre sigue dominando.

Hemos aprendido a ser "ministros de Economía" de nuestras finanzas y a adoptar mecanismos defensivos cuando la tormenta se desata. En ese contexto, con el actual "default selectivo" de la Argentina, los precios no se moverán más de lo que lo están haciendo, al menos en el corto plazo. Habrá más cautela a la hora de gastar, mirando las góndolas de los súper, pero también pensando qué puede pasar en Nueva York. "Por el momento no pasará nada", dice el economista Eduardo Robinson acerca del desenvolvimiento de los precios de los productos que componen la canasta familiar. A su criterio, el consumidor suele actuar por reflejo al no entender la gravedad de la situación planteada en el caso de los holdouts. Mientras tanto, el Gobierno nacional tratará de incentivar el consumo interno. Desde este mes, gran parte de los asalariados cobran el reajuste de las paritarias. Es posible que la Casa Rosada anuncie también el aumento de las jubilaciones y hasta se convoque al Consejo del Salario Mínimo Vital y Móvil, con el fin de actualizarlo. Eso mantendría una sensación generalizada de que "todo sigue marchando".

Pero, de no arreglarse la situación de default, el mediano plazo estará condicionado. Posibles escenarios:

-La inflación seguirá siendo elevada, y la economía corre el riesgo de una nueva devaluación, aunque no está claro en qué magnitud, debido a los inconvenientes cambiarios. También por la conducta de emisión monetaria que adoptó la gestión.

-No se perciben grandes movimientos de retiro de depósitos. Los clientes de bancos prefieren resguardar su capital en las entidades porque no tiene demasiada opciones para invertir. El dólar, el tradicional refugio de capital argentino, estará más restringido que antes. El Gobierno necesita divisas, más que siempre.

-Con este escenario, el dólar blue o paralelo tiende a apreciarse. El mercado accionará según la demanda y hay analistas que ya hablan de una cotización marginal en torno de los $ 14 por unidad para dentro de dos o tres meses.

-El Gobierno ha venido manteniendo a rayas las tasas de intereses que aplican los bancos. El temor de los expertos es que, por efecto del no arreglo, tiendan a subir, particularmente para el financiamiento a través de las tarjetas de crédito, un arma natural en tiempos de crisis.

-La inversión extranjera no cobrará ritmo por efecto del default. Si bien las empresas pueden considerar una oportunidad para adquirir activos argentinos, muchos dudan acerca de si será o no un buen negocio.

-Con caída de actividad, el mercado de trabajo siente todo el impacto. Si bien, la Argentina transita este 2014 con menos generación de puestos laborales, ese cuadro puede llegar a profundizarse en el mediano plazo porque no se prevén grandes proyectos productivos que necesiten capital humano. La obra pública también podría llegar a perjudicarse. Una parte porque las gestiones provinciales se resisten a constantes redeterminaciones de precios de los materiales; otra parte, porque una suerte de "parate" de la actividad, debido a la necesidad que tendrá el Gobierno de ajustar sus gastos.

Como se observa, la conducta más usual en tiempos de crisis sigue siendo la misma: cautela mientras dure la incertidumbre.