Es sinónimo de falta de educación, de cultura, de respeto por los demás, de autoestima. Deambula por las calles, las plazas, las banquinas, los parques, la montaña, los ríos, los accesos a la capital... La basura es una de las tristes princesas del paisaje tucumano. Se afirma que es un problema cultural, porque se limpia un basural y a las pocas horas, renace como los hongos.

Campo Norte es uno de los lugares históricamente preferidos por los transgresores para tirar las sobras, escombros, huesos y otra clase de desperdicios. Se ha convertido en una tierra de nadie. La Municipalidad lo limpia con periodicidad y rápidamente vuelve a llenarse de basura. Con frecuencia el mal olor vuelve la atmósfera irrespirable. “La única solución posible que se me ocurre es que pongan vigilancia permanente y que les secuestren el carro a los que lleguen a tirar. Igual, ellos no son los únicos. Vemos motocarros, autos y camionetas 4x4 que dejan porquerías. Por culpa de todos ellos tenemos que vivir encerrados”, dijo un vecino.

El secretario municipal de Servicios Públicos dijo que se han hecho grandes esfuerzos por revalorizar el sector y, entre las obras que se hicieron, figuran la apertura de la calle Bolivia, la construcción de una vereda perimetral y dotación de bancos de hierro, forestación e iluminación. Sin embargo, en el lugar limitado por las calles Chile, Viamonte, Ecuador y Castelli, no han conseguido que se dejara de arrojar desperdicios.

El funcionario afirmó que la única forma de evitar que la gente, los carreros y las empresas constructoras arrojen sus deshechos es con vigilancia policial. Señaló que Campo Norte está afectado en su uso como espacio verde y que las obras de apertura de calle Bolivia, con su cordón cuneta e iluminación han sido apuestas del municipio para que el lugar deje de ser un basural, aunque de poco ha servido.

El problema en Campo Norte hizo crisis en enero de 2103, cuando los vecinos pidieron por enésima vez que lo limpiaran. Durante el verano, las moscas y el olor hediondo los obligan a cerrar puertas y ventanas. La Policía comenzó a vigilar entonces cuatro lugares clave convertidos en vaciaderos permanentes: el pasaje Castro Barros al 900, Marco Avellaneda y Santa Fe, Rivadavia y España y Lucio V. Mansilla y México. Durante el corto tiempo que duró la vigilia, esos sectores se mantuvieron limpios.

Desde hace varios años, este enorme predio que la Municipalidad prometió convertir en espacio verde, sigue siendo un depósito de basura gigante. En marzo de 2006, las 37 hectáreas de Campo Norte fueron adquiridas por la Provincia al Ejército a un precio de $5,5 millones e inmediatamente se las transfirió a la capital. Se dijo entonces que 28 hectáreas serían destinadas a espacios verdes y a prácticas deportivas.

El lugar podría haberse convertido en un hermoso parque, que albergara, por ejemplo, un anfiteatro para espectáculos de todo tipo, que hubiese lugar destinado a la recreación de los chicos como han ideado los rosarinos en las barrancas del Paraná o sectores de homenajes a figuras destacadas de nuestra cultura.

Hace ocho años que este enorme campo pertenece a la ciudad y hasta ahora sigue siendo triste noticia por la basura. ¿Acaso no somos capaces de transformar una realidad vergonzosa en algo positivo, que sea un orgullo para los tucumanos?