El analfabetismo es una de las puertas de entrada de la miseria, de la desocupación, de la drogadicción, de la delincuencia y de la violencia. En esa situación se hallan varios sectores de la comunidad que sumidos en la marginalidad y que sobreviven como cuentapropistas, en el mejor de los casos, y no tienen la posibilidad de estudiar. No en vano se afirma que la educación es la base del progreso. “Es la educación primaria la que civiliza y desenvuelve la moral de los pueblos. Son las escuelas la base de la civilización”, sostenía Domingo Faustino Sarmiento.
En nuestra edición del martes, dedicamos un amplio espacio a una iniciativa educativa que tiene lugar en La Costanera, una zona acosada por la drogadicción de los adolescentes. En la vivienda de una vecina funciona La Casa del Barrio, llamada también “la escuelita”. Allí, vecinos de todas las edades tienen la posibilidad de realizar la primaria y la secundaria. En el fondo de la casa que posee pocas comodidades, funciona una carpintería como microemprendimiento.
En 2011, cuando se la inauguró, asistían 10 vecinos; este año son 22 los que cursan el nivel primario y 132 el secundario, de manera que son 154 personas la que ya no deberán buscar en otros barrios una escuela. “Prefiero este lugar, porque está al lado de mi casa, porque me reciben con mi hija de dos años -no tengo con quién dejarla- y porque los profesores son muy buenos, y nos tienen mucha paciencia”, dijo una joven de 21 años. En 2013 se recibieron cinco alumnos en la primaria y 10 en el nivel medio; se brindan clases en tres turnos.
Otras casas como la de La Costanera, funcionan en los barrios Smata II, San Cayetano, La Ciudad de Dios y Echeverría; todas tienen talleres de oficios, deportes y actividades artísticas y consultorías en temas de violencia y adicciones.
El Ministerio de Educación es el impulsor de estas iniciativas. En La Casa del Barrio, de La Costanera, trabaja un equipo de cinco psicólogos, una médica y seis docentes de alfabetización primaria y secundaria. “Articulamos con el CAPS, las organizaciones civiles y otras instituciones. Si advertimos que hay un chico con adicciones lo derivamos al hospital Avellaneda o a Las Moritas”, dijo un psicólogo especialista en adicciones. Contó que están trabajando en un proyecto con la radio del barrio, en la cual los chicos tienen un programa. Los vecinos que acuden a la consejería barrial son escuchados y cuando se advierten casos de violencia doméstica son derivados al Observatorio de la Mujer o al Programa de Educación Sexual Integral, si se trata de adolescentes encintas.
Nos parece positiva esta modalidad educativa en zonas marginales, mucho más si está articulada con la salud y el deporte y la cultura, y con la enseñanza de oficios que puedan proporcionarle luego una salida laboral. Sería importante que también a través de talleres surgieran elencos teatrales o de títeres, que sirvieran a esas barriadas para representar sus propias historias, tarea que realiza desde hace años en el barrio El Sifón. La conformación de coros o de orquestas como las que funcionan en La Bombilla, por ejemplo, pueden contribuir a enriquecer espiritualmente esas comunidades y favorecer su inclusión social. “La educación no sólo enriquece la cultura... es la primera condición para la libertad, la democracia y el desarrollo sostenible”, afirma Kofi Annan.