Marcelo Aguaysol - LA GACETA
Sin ella, todo será distinto. Más relajado; menos oneroso. La “fiesta” que no fue pudo haberle costado al Gobierno provincial no menos de $ 10 millones; sólo en movilización de militantes para colmar instalaciones como el Hipódromo, ámbito central de las conmemoraciones de la Declaración de la Independencia. El cambio de protagonista puede significar un gasto inferior a aquel. La Casa Histórica suele ser un lugar de paso, en el que los gobernantes de turno sólo rinden un homenaje. Pero ese solar no tiene el marco popular que habitualmente requieren los políticos para mostrarse. Esa ha sido la liturgia de los últimos años. En más de una década de gobierno, José Alperovich ha ofrendado todo al kirchnerismo. Absolutamente todo. Por eso, el matrimonio presidencial no ponía reparos para llegarse a Tucumán. Se sintieron como en casa.
Cristina Fernández no vendrá por consejos de los médicos que le cuidan la salud. Con el vicepresidente, Amado Boudou, imputado por la causa Ciccone, todas las miradas apuntaron hacia el santiagueño Gerardo Zamora, presidente provisional del Senado y tercera autoridad en la línea de sucesión presidencial. Una rara sensación se percibió en la Casa de Gobierno al enterarse de esa posibilidad. Sucede que el ex mandatario de la vecina provincia ha reemplazado -no hace mucho tiempo- a Beatriz Rojkés de Alperovich en ese estratégico cargo en el Senado de la Nación. Algunos funcionarios leyeron que, si eso sucedía, hubiera sido como una afrenta hacia la gestión alperovichista. Puras suspicacias. Un radical K en tierras de un ex radical, en un acto que solía ser peronista.
La ceremonia central, en estas conmemoraciones de los 198 años de la Declaración de la Independencia, será en el teatro Mercedes Sosa. Lo trascendente, la gesta de ese hecho histórico, pasará desapercibido. Las miradas oficiales se posaron -en estos días- en el operativo para proteger al vicepresidente de la Nación que, a la luz de las idas y vueltas de quién encabezará el acto, será en definitiva el que representa a Cristina. Ayer, en horas de la siesta, se repartieron las entradas para asistir al renovado teatro. Subsecretarios, directores y jefes de repartición fueron recibiendo llamados de la Casa de Gobierno para que concurran al edificio ubicado frente a la plaza Independencia. “Nada de asados previos al partido; hay orden de que vayan al acto”, se escuchó decir a un funcionario, casi al cierre de la jornada administrativa de ayer. Hay que llenar las más de 1.000 butacas habilitadas en el “Mercedes Sosa”. Pero, afuera, también se pondrá una custodia especial para el vice. Trascendió que, al menos, entre 5.000 y 8.000 militantes del oficialismo serían reclutados sólo para “darle” el marco de bienvenida y buena estada a Boudou. “No pasarán”, fue la orden que emanó desde el Poder Ejecutivo acerca del blindaje que se montará en los menos de 100 metros que separan al teatro de la sede del PE. Puede ser que allí se reúnan funcionarios provinciales con sus pares nacionales. Algunos ministros del gabinete de Cristina se excusaron de formar parte de la comitiva que encabezará Boudou. Enviarán a sus representantes.
Nada es lo que fue, ni será lo que pudo ser. La gestión kirchnerista -y también la alperovichista- va cerrando la persiana y no pasa nada. Sólo visitas simbólicas para una de las conmemoraciones más significativas de la historia argentina. La intrascendencia de estos mensajes políticos formarán parte de la anécdota, apenas se inicie el partido entre la Selección Argentina y su par de Holanda. Lamentablemente, esa es la apuesta oficial, en la confianza de que la población, al día siguiente, hablará más de lo que hizo o no hizo Messi que de los actos del 9 de Julio.
A dos años del Bicentenario, parece que nada hemos aprendido de los próceres de ayer.