Hace 76 años que no había tantos alargues en un Mundial. En Brasil 2014 cinco seleccionados lograron su pase a cuartos luego de jugar los 90’ reglamentarios y uno en esa instancia. El cansancio exhibido por las diferentes selecciones que disputaron las prórrogas llevó a la FIFA a considerar la posibilidad de permitir un cuarto cambio de jugadores por equipo en caso de que un partido llegue a esta instancia. Y no faltaron quienes plantearon la idea de volver al “gol de oro”. ¿Por qué hay tanta preocupación? ¿Cuáles son los riesgos que corren los futbolistas si juegan muchos partidos de 120’?
Cayetano Bellomío, presidente de la Federación Argentina de Medicina del Deporte, habla de los alargues como verdaderas batallas. “En primer lugar, la prórroga implica un agotamiento de las reservas energéticas que tienen los jugadores. Además de correr el riesgo de deshidratarse, sufren de fatiga muscular, lo cual los puede llevar a un calambre o a una contractura, que es la antesala directa de un tirón o desgarro. Otro punto a tener en cuenta: también sufren un agotamiento psicológico. La resistencia mental en un alargue es tan importante como la resistencia física. Quienes presenten una mayor fuerza espiritual superarán mejor la instancia”, explica.
Bellomío no cree que las prórrogas sean poco saludables. Tampoco sostiene que son muy beneficiosas para la salud. “No hay que discutirlas en estos términos. El deporte es así; no se le puede buscar el lado racional. Deportivamente, el alargue es una forma de dirimir quién está mejor entrenado. Por eso, la presencia en los equipos de psicólogos, nutricionistas y kinesiólogos es determinante en estos casos”, señala.
El calor de la mayoría de las sedes, el horario de los partidos, en plena siesta, la humedad y las prórrogas han llevado a la mayoría de las selecciones a un desgaste físico muy superior al habitual.
Los jugadores acalambrados, tendidos sobre el césped a cada rato, son la imagen más clara de lo asfixiante que es el mundial.
Pierden hasta cuatro kilos de su peso. El cuerpo se deshidrata. Algunos mediocampistas o delanteros pueden llegar a correr casi 22 kilómetros en esos 120’. Y cuando ya pareciera que están por dejar la vida en la cancha todavía hay chance de que irrumpa alguien como un tal Ángel Di María. Despega sus alas, desafía al cansancio y al calor (como ante Suiza).
Parece un extraterrestre Di María. “¿Cuántos pulmones tiene?”, se preguntan en las tribunas. Va y viene el mediocampista del Real Madrid. “Científicamente no está comprobado que tenga otro pulmón”, dice Bellomío. Y se ríe. “Hay personas que tienen mejor predisposición genética para los deportes de alto rendimiento. Pero también depende del grado de entrenamiento que tengan, de su nutrición y de un tercer factor fundamental: el espíritu de competencia”, especifica.
Juan Manuel Rodríguez Rey, médico traumatólogo de Atlético, dio también su punto de vista sobre los alargues: “no son saludables, mucho menos como se están presentando los partidos en este Mundial, muy parejos. Debería haber una reconsideración del tema. Lo que se está discutiendo por estos días, que haya un cambio más en la prórroga, es valedero”.
“En un partido de 120 minutos los futbolistas llegan a perder hasta tres o cuatro kilos de peso. Es básicamente líquido. Y necesitan mínimo 72 horas de recuperación. Así y todo, las fibras musculares no se terminan de recuperar. Cuando el jugador está muy cansado, sus piernas ya no coordinan correctamente. A todo esto hay que sumarle la carga emocional”, detalla Rodríguez Rey, que formó parte del equipo médico de Boca.
La carga de la que habla será mucho más para las definiciones que se vienen, por lo que ayudaría que la constante de los alargues se corte de una vez por todas.