“Para conducir a un pueblo la primera condición es que uno haya salido del pueblo, que sienta y piense como el pueblo. Quien se dedica a la conducción debe ser profundamente humanista...”. (Juan Domingo Perón). “He dado todo lo que podía dar; todo lo que humanamente se puede exigir de un hombre, y al fin mis fuerzas se han agotado... y para vivir estéril, inútil y deprimido, es preferible morir...”. (Leandro Alem)
Los líderes que supieron forjar las dos mayores fuerzas políticas de la Argentina dieron muestras de entrega y coraje suficientes como para dejar su impronta marcada más allá del paso de las décadas. Perón y Alem comparten la fundación de sendos partidos políticos y el día en que murieron: un 1 de julio (el radical en 1896 y el justicialista en 1974). Por ello, ayer viejos dirigentes de ambas agrupaciones supieron recordar frases y reflexiones suyas. Un radical rememoraba el “Testamento de Alem”, la carta que dejó luego de suicidarse sumido en una profunda depresión que adquirió, entre otros motivos, por la frustración de no haber podido imponer un el cambio político que deseaba. El peronista acercaba la frase arriba transcripta, con la cabeza puesta en ese forjador de un movimiento que aún domina políticamente el país.
Ambos usaron las imágenes de sus próceres para mencionar, con tristeza, la postal que muestran hoy hombres como Amado Boudou, el vicepresidente procesado y contra las cuerdas, por el cual nadie en el oficialismo quiere poner las manos en el fuego ni tampoco exponer sus errores públicamente.
...El conductor siempre trabaja para los demás, jamás para él. El Gobierno nacional, con el caso Boudou, y el provincial, con el caso Manzur, no fueron capaces de echar luz sobre las oscuras denuncias contra los segundos hombres más importantes de sus estructuras gubernamentales. Ni los defendieron a capa y espada ni pidieron a viva voz a esos hombres que se allanen a la Justicia. De Manzur hablaron recién tras el fallo favorable que obtuvo del juez Daniel Bejas, pero hasta ese hecho se permitió que una cortina de dudas tapara a un hombre de amplio dominio de lo público.
...Entrego decorosa y dignamente todo lo que me queda: mi última sangre, el resto de mi vida. José Alperovich, de cuna radical, está convencido de que podría pronunciar las palabras de Alem. Entre sus íntimos insiste en que dejó todo y “trabajó fuerte” por Tucumán. Sin embargo, su preocupación por sentar a gente de su extrema confianza en distintos sillones judiciales no se condice con la tranquilidad de un hombre que se jacta de que en su Gobierno no hay corrupción. Es “fija” que “Pirincho” Jiménez será el ministro fiscal de la Corte Suprema. Qué otra muestra de que allí el gobernador necesita un cancerbero, que colocar en el puesto al hombre que sube o baja pulgares a postulantes a magistrados como antesala de la discrecional potestad gubernamental de seleccionar jueces.
Todavía -o solamente- faltan unos 16 meses para las elecciones y entre propios partidarios se tiran piedras a costa incluso de que la lluvia de cascotes termine con la destrucción de las urnas. Alem se peleó con su sobrino Hipólito Yrigoyen y Perón con Montoneros, pero por profundas diferencias ideológicas respecto de sendas gravísimas coyunturas políticas nacionales. En cambio, los seguidores de esta dupla de históricos dirigentes patalean por cargos y por poder: un intendente y un gobernador se minan territorios por lo bajo; un ministro y un grupo de legisladores pujan por la bendición del mandatario; parlamentarios comunales, provinciales y nacionales se disparan indirectas y se ponen palos en la rueda en la puja por ocupar los espacios que del diputado-candidato a gobernador para abajo no están cubiertos. El eco de las doctrinas de Perón y de Alem se siente apenas en la efeméride, mientras en la arena política la pelea es cada vez más sucia y egoísta.