Su mirada me resultaba conocida. Sus ojos grises con vetas verdes son poco comunes. Pero nunca lo había visto sonreír. Eso me confundió. Me saludó mientras nos servía el desayuno en un bar céntrico. Antes de irme, me quise sacar la duda. “¿De dónde te conozco?”, le pregunté. “Tal vez no se acuerde; soy Jorge, de La Costanera”, me dijo.

Han pasado más de seis años desde que lo vi por primera vez. Estaba flaquísimo, enojado. Su mamá lo había llevado obligado a la entrevista para que contara por qué se drogaba, por qué hacía dos noches había intentado quitarse la vida.

“Mire, engordé ocho kilos. Me recuperé y conseguí trabajo. No me gusta mucho ser mozo, pero es lindo cocinar y pienso que pronto voy a tener mi propio bar de sándwiches. Lo más importante: recuperé a mi hijo”, se largó a contar.

Jorge también confesó que le daba mucha tristeza su pasado. Y que por eso, todos los días, mira a su hijo a los ojos y le pregunta cómo está. Lo abraza. Quiere que sea feliz. Le gusta saber qué es lo que a ese adolescente, de 13 años, le duele y le molesta.

Jorge sabe mucho de soledades y angustias. Cuando era muy chico cayó en el mundo de las drogas. Y a los 17 ya era padre. Ahora, a los 30, sabe que debe ser un padre presente y que tiene que ayudar a su hijo a estudiar y a encontrar lo que le gusta.

Hoy es el Día Internacional de la Lucha contra las Adicciones.  Seguramente la jornada estará empapada de discursos políticos, consejos de médicos, terapeutas y docentes. Yo me quedo con la historia de Jorge. 

Nada mejor que las palabras de un ex adicto para decirle a un padre que un abrazo es la mejor contención. Y que aquella vez que no pudo escuchar a su hijo lo puso en peligro.

Entre la orden tajante de no usar drogas y la larga lista de las causas y consecuencias del consumo, hay relatos de carne y hueso que dejan más que claro cuáles deben ser los pilares de la prevención: contención, padres presentes y un proyecto de vida. Y anoten un dato más que nos regala Jorge, junto a su -ahora inseparable- sonrisa: “¿Sabe por qué me drogaba? Por tristeza. El día que no haya más tristeza, se acabará el negocio de los dealers”.