Podría decirse que ya estamos en los umbrales del gran desafío político del 2015. Hay muchas preocupaciones abiertas, demasiados temas importantes que todavía están pendientes de resolución y cierta dosis de incertidumbre, propia de los momentos de cambio, pero la realidad es que ya comenzamos a recorrer la ruta que nos llevará hacia las elecciones presidenciales y no me cabe la menor duda de que este año y medio que todavía tenemos por delante va a ser la parte final de un proceso de aprendizaje.
Concluye una etapa en la que los argentinos vamos a terminar de apreciar, de discernir y de reconocer cuál es el camino y cuáles son los instrumentos que necesitamos para construir una sociedad mejor. Se acerca un momento crucial para seleccionar y diferenciar lo que ofrecen unos y otros y para resolver por la vía del voto hacía dónde queremos ir.
Muchas dificultades
Es cierto que sentimos el peso de muchas dificultades. La inflación, la inseguridad y los problemas de pobreza y exclusión social, que se han agravado, son una realidad cotidiana que nos llena de angustia. Será necesario mucho esfuerzo y trabajo en equipo para revertir el daño que provocaron la desidia, la ausencia de gestión y la falta de visión estratégica de un Gobierno que se alejó del mundo, que se peleó con el campo, nuestro principal motor productivo, y que ahogó y erosionó a las economías regionales.
Pero ninguna de esas acechanzas tiene suficiente fuerza para hacerme perder fe y la esperanza. Y esta no es una aseveración apoyada en expectativas voluntaristas. Es lo que percibo, lo que siento y lo que veo en cada provincia que recorro y en cada momento que comparto con la gente que me invita a visitar su casa a través de facebook para charlar y reflexionar sobre el país que soñamos.
A pesar de todos esos problemas los argentinos confían en el futuro de su país. Y esa esperanza transformada en acción es la combustión que va a generar una nueva alternativa política después de más de 30 años en los que siempre gobernaron los mismos. Sí, porque siempre los mismos, aunque se presenten con formatos ideológicos aparentemente diferentes.
A veces dicen que son de izquierda, otras veces de derecha, pero siempre viven colgados de la caja del Estado y son los principales responsables de ese atraso recurrente que demora el progreso de la Argentina. Eso es lo que vamos a cambiar a partir de 2015.
Con equipos
Con proyecto, con equipos, con transparencia, con la incorporación de mucha gente que nunca ha estado en política, pero que hoy se anima a participar y a involucrarse y con el aporte de nuevos líderes políticos y referentes sociales que son un ejemplo de trabajo al servicio de sus comunidades en todo el país y que no quieren vivir más enredados en las peleas y los enfrentamientos inútiles por cosas del pasado, sino que prefieren mirar para adelante, apostar al consenso y construir futuro.
La Argentina no puede seguir estando alejada y divorciada de lo que pasa en el mundo. Estamos transitando la segunda década del siglo XXI, que va consolidando formas y modelos de gestión pública cada vez más dinámicos, cambiantes e interrelacionados. Tenemos que aprender de nuestra experiencia histórica para no repetir errores y poder insertarnos en ese escenario.
La globalización esconde muchos desafíos e incertidumbres, pero también es un fenómeno disparador de grandes oportunidades. Y hoy, como muy pocas veces ha sucedido antes a lo largo de la historia, se abren puertas muy importantes para nuestro país.
El mundo está demandando los alimentos que produce el complejo agrícola industrial argentino. Países como China y La India ingresan todos los años a millones de personas a sus mercados de consumo. Esto tiene correlato directo en el boom que ha provocado en América latina la exportación de comodities y que atrajo lluvia de dólares e inversión para muchos de nuestros países vecinos.
Políticas erráticas
La Argentina también debería ser protagonista activa de esa bonanza, pero, lamentablemente, por la aplicación de políticas erráticas, cepo cambiario y reglas arbitrarias que traban el funcionamiento del comercio exterior nos estamos quedando afuera y desaprovechamos una excelente oportunidad para vender, para exportar, para recibir inversiones y para generar trabajo.
Somos un país al que le sobran capacidades. No en vano hay tanto talento argentino desparramado por el mundo dando cotidianos ejemplos de creatividad y de inventiva en diferentes campos. Disponemos de una geografía territorial generosa, con llanuras inmensas, ricas y prodigiosas. Podemos darle valor agregado a nuestra producción.
Hay también muy buenas condiciones para el desarrollo de la minería sustentable.
Tenemos múltiples atributos que pueden conformar la plataforma de despegue de un país moderno. El turismo es otra industria con un horizonte de posibilidades enorme, o la producción de contenidos audiovisuales, que también es un segmento en el que Argentina tiene todo para ocupar una posición de liderazgo regional. Se suma a ello una muy buena base de recursos humanos para abordar la agenda de la innovación y el desarrollo tecnológico .
Y toda esa fuerza se consolidará y podrá expresarse todavía de manera más pujante y vigorosa si somos capaces de instalar a la recuperación de la educación pública y gratuita de calidad como pilar principal de nuestras políticas públicas de largo plazo.
Las oportunidades están a la vista. Sólo se trata de tomar la decisión estratégica de ir por ellas y de convertir a la Argentina en el gran país del siglo XXI. Yo tengo la firme convicción de que nos estamos asomando a una época distinta. Un tiempo de diálogo y consenso.
Dueños de la verdad
Ya no hay más lugar para gobiernos que se creen los únicos dueños de la verdad y que viven alejados de la gente y de sus preocupaciones más urgentes e inmediatas. Hoy se necesita un Gobierno amplio y con capacidad para interactuar organizadamente con todos los sectores de la sociedad.
Con ese espíritu venimos trabajando desde hace más de seis años en la ciudad de Buenos Aires y hemos logrado resultados y transformaciones que están a la vista y que mejoraron la calidad de vida de mucha gente. Y creo que esa manera de concebir el compromiso con la política a través de la gestión y la relación transparente con el ciudadano se puede proyectar con éxito a todo el país.
Me consta que hay mucha energía emprendedora en la Argentina, mucha capacidad de crear y de hacer que hoy está contenida y maniatada a la espera de una oportunidad. Depende pura y exclusivamente de nosotros generar las condiciones que favorezcan ese clima. Yo voy a trabajar para que eso suceda.