Pedimos audiencia dos semanas antes. Y ahí está, puntual, esperándonos con su habitual traje gris y la cruz de madera en el pecho. Regala un abrazo, estrecha las manos y sonríe. Su lugar de trabajo es un cuarto como cualquiera, en el edificio ubicado al lado de la Catedral de la “Perla del Sur”. En una de las paredes atesora un cuadro con la imagen de una parroquia de Salta, en la que estuvo antes de llegar a Tucumán, hace 13 años, para hacerse cargo de la diócesis de Concepción. Monseñor José María Rossi confiesa que se siente a gusto en los pueblos. Tal vez porque, como dirá más adelante en la entrevista, en el campo la religiosidad es más fuerte que en las ciudades.

Espontáneo y distendido, sincero por demás en algunos temas, el obispo respondió sin tapujos sobre todo lo que les preocupa a los habitantes del sur. Contó que le aflige la creciente inseguridad y que sigue en la lucha para ayudar a los jóvenes a salir de la droga. “No alcanza, nunca alcanza”, repite. También habló sobre el papa Francisco y lo difícil que es para la Iglesia cumplir con la exigencia de tener “pastores con olor a oveja”.

- En varias ocasiones dijo que le preocupaba la inseguridad y la violencia...

- Nos preocupa porque la gente que está sufriendo estas cosas es nuestra gente. El miedo que crece afecta a la vida de familia y a la vida comunitaria. Si bien la problemática no se restringe a la ciudad de Concepción es una situación muy grave. Y tampoco es algo que sea sólo de la ciudad. Uno va al campo y recibe las mismas confidencias de la gente de los barrios de Concepción. En las comunidades rurales actúan bandas que no son del lugar; son bandas importantes y muy violentas. Muchas cosas no se conocen ni salen en los medios porque hay gente del campo que ni siquiera hace la denuncia. Para ellos esto significa un lío. La sensación de desprotección crece entre la gente del sur. Esta preocupación nos ha llevado a querer conversar con las autoridades que tienen que ver con la seguridad en la provincia. Encontramos buena disposición, espero podamos reunirnos pronto.

- ¿Usted cree que es una cuestión que se podría resolver con más vigilancia?

- El control y la represión son necesarias, pero insuficientes. Alcanzan para desalentar el delito circunstancialmente. Pero el delito es un negocio y por lo tanto la gente que está detrás busca siempre superar los controles. Cuánto más control hay, más organizado es el delito. Como dice el Papa, pensar que con policías se resuelve la inseguridad es una mentira. Se resuelve con cuestiones de fondo.

- ¿Y cuáles son esas cuestiones de fondo?

- Los ladrones de gallina van presos, los jefes de banda no. Por eso las cárceles están llenas. Otro problema es dónde reclutan las bandas: en la gente disconforme, sin trabajo. Entonces, el tema de la inclusión social es clave para la seguridad. Que no se entienda mal, no es una cuestión de este gobierno. Es algo viejo, de las últimas décadas, y que se va acentuando, especialmente con el tema del narcotráfico: a causa del uso de drogas a la inseguridad se le suma más violencia.

- ¿Qué opina sobre el pedido de una parte de la sociedad para bajar la edad de imputabilidad y endurecer las penas?

- La iglesia tiene una posición tomada sobre esto: la disminución de la edad de imputabilidad es contraproducente. Hay que buscar otros caminos para resolver el tema de la delincuencia juvenil. Ellos son victimarios porque primero son víctimas. El mundo adulto es responsable de esto. El pibe necesita que se lo acompañe, que se le brinde una educación, que no es simplemente ir a la escuela. El adulto le debe dar testimonio de valores. Elevar las penas tampoco sirve. ¿Qué puede aportar de positivo que una persona pase, en vez de 10 años, 20 años preso si lo único que aprende en la cárcel son cosas malas? Un delincuente no es una persona irrecuperable. Al contrario, es un ser humano capaz de cambiar. Tienen derecho a ser reeducados y la sociedad tiene la obligación de reeducarlos.

La lucha contra la droga

Hace cuatro años, Rossi fue elprimero en traer a la provincia el programa brasilero “Fazenda de la Esperanza” para ayudar a enfrentar la creciente problemática de las adicciones en el sur. La Fazenda funciona en Aguilares desde 2011. Monseñor admite que siente un cariño especial por los jóvenes. Los llama todo el tiempo “los pibes” (el “pibe” se le quedó pegado porque nació hace 69 años en Buenos Aires y pasó una buena parte de su vida ahí).

- ¿Ha dado sus frutos el trabajo en la Fazenda?

- Es una obra importante, sobre todo por la conciencia que crea en la comunidad de que este es un problema que hay que enfrentarlo entre todos y que sí se puede enfrentar. Pero claro que es insuficiente. En esta guerra por eliminar la droga y recuperar los adictos estamos en inferioridad de condiciones: en este momento se recupera un chico y hay 10 nuevos pibes que se están drogando. No alcanza así hubiera más centros de recuperación. Uno hace lo que más se puede y nunca es una recuperación definitiva. La pelea hay que darla en otro lado.

- ¿Y dónde es que hay que dar esa pelea contra la droga?

- La cuestión de fondo tiene que ver con la cultura y lo que no está resuelto: no se la combate seriamente, hay que revisar muchas cosas de la forma de combatir el narcotráfico directamente y el trabajo de por qué la persona se vuelve adicta. Y en lo cultural hay que ver cómo se construye la persona para que no necesite la droga. La sustancia funciona como una anestesia ante una vida que no ve horizontes. Hoy los pibes necesitan evadirse. Hay que preguntarse: ¿qué pasa en sus corazones? Reciben una agresión tan fuerte en sus vidas que no pueden enfrentarla. Un joven que cae en la adicción es porque en su vida no hay posibilidad de construir un futuro. Muchos pibes están desconcertados, sin saber qué hacer, sin poder conseguir trabajo cuando lo necesitan. Son cosas que los van acorralando. Los chicos prueban de todo, pero si uno está sólido de adentro no se vuelve adicto. Es adicto porque está huyendo de una vida sin rumbo.

- ¿Se puede hacer algo para cambiar esta realidad?

- Hay algo en lo que no se está trabajando bien y es muy importante en el mundo de los jóvenes: la promoción del deporte. Tenemos la idea de impulsar desde la Iglesia el ejercicio, que es una instancia muy educativa en valores humanos. En este momento no hay un trabajo serio de esto, ni en la iglesia, ni en la sociedad civil, ni desde el Estado. Para que esto realmente tenga un impacto en la comunidad debe ser practicado masivamente. Si no es así, no transforma. Hoy tenemos pibes que ocupan el tiempo libre en muchas cosas que no los hacen crecer, que no le hacen bien.

- Después de haber hecho varios reclamos acerca de la inseguridad vial en la ruta 38, ¿se siente conforme con la nueva traza?

- Creo que la nueva traza sí mejoró las cosas. Cuando quede terminada va a ser más importante todavía. No obstante, subsisten problemas serios: desde que se pensó y proyectó esta obra hasta hoy hay el triple de vehículos en las rutas. Son vehículos cada vez más rápidos, en los que viaja gente que le gusta ir cada vez más fuerte. Hoy la inseguridad tiene que ver con esto. Hay que educar, y no sólo a los chicos de jardín de infantes; también a los adultos. El Estado debe diseñar políticas eficaces de educación vial. La nueva 38 no está diseñada para ser veloz, pero invita a apretar el acelerador. Yo voy a 90 o a 100 km/h y hay vehículos que me duplican en velocidad, me pasan como poste enterrado en el suelo.

Sobre el Papa

En 2008, monseñor Rossi compartió en la diócesis de Concepción un retiro espiritual con el entonces arzobispo de Buenos Aires Jorge Bergoglio. Siente un cariño especial por él y lo muestra constantemente: “es un Papa maravilloso, que se anima a recuperar cosas que estábamos extrañando en la Iglesia, como por ejemplo, un clima más cercano, más afectuoso. Me impresionan sus gestos, esos que hablan mucho más que las palabras, gestos que conmueven y le tocan el corazón al mundo entero”, describe.

- ¿Cómo ve el futuro de la Iglesia? ¿Cree que se avanzará con temas polémicos, como el celibato o la inclusión de los divorciados?

- (Lleva su quijada hacia adelante y levanta los hombros). El Papa muestra que en cualquier tema hay que sentarse a dialogar, aún en temas así de espinosos en los que la iglesia tiene posición tomada tradicionalmente. Francisco dice no hay que tener miedo a hablar. Yo creo lo mismo. Las interpretaciones son otra cosa. En el tema de los divorciados el Papa hasta ahora no dijo nada de lo que piensa, propone espacios de diálogos. Pero no solamente los propone, sino que los organiza y los crea, lo cual muestra una forma muy propia de encarar el tema.

- ¿Cree que la Iglesia del Sur va por el camino que marca Francisco o es necesario salir más al encuentro con los fieles?

- El Papa expresa lo que nosotros queremos ser. Soñamos de corazón ser como Francisco dice. Amamos sus conceptos. Pero cuesta. Son desafíos muy grandes. El Papa es exigente: pide una iglesia que esté permanentemente cerca de la gente. Es lindo, y a mí me gusta estar con los fieles. Pero también me gusta estar acá. Tengo que romper mi propia rutina. Hay cosas que te atan. Todos tenemos la tentación de ser distintos de lo que él dice. Pastores con olor a oveja (se tapa la nariz y pregunta: ¿o no? ). Es lindo encontrarse con la gente, pero de repente uno quiere su camita cómoda a la noche, y hay muchas personas que ni siquiera tienen cama. Entonces, ¿cómo comprendo?, ¿cómo acompaño? Estar en contacto permanentemente con los fieles nos demanda un montón de cosas y no es fácil. A todos los que somos iglesia nos cuesta, sacerdotes, obispos, etcétera. Pero ahora nos vamos a animar más.

Restauración
Anuncian obras para reparar la iglesia de villa chicligasta, que es monumento histórico nacional

Después de muchos años los habitantes de Villa Chicligasta tienen un motivo para festejar. Monseñor José María Rossi anunció que Obras Públicas de la Nación decidió hacer la obra de restauración de la capilla Nuestra Señora de la Candelaria. El edificio fue declarado Monumento Histórico Nacional, pero nunca recibió el cuidado necesario. Actualmente, muestra un deterioro tan avanzado que algunos sectores corren riesgo de caerse.

Según datos históricos, la construcción del templo se remonta a 1797. Por el lugar habría pasado San Francisco Solano, el sacerdote franciscano que fue canonizado en 1726 por Benedicto XIII. “Es una iglesia muy antigua que, por distintas circunstancias, muestra grandes deterioros: en los techos, por ejemplo, y también la torre, que tiene una grieta importante. Nosotros hace tiempo habíamos presentado un proyecto a la Secretaría de Obras Públicas de la Nación para restaurarla. La burocracia es larga. Además, al ser monumento histórico el proyecto debía pasar por la Comisión de Patrimonio. Hace pocos días, Obras Públicas nos anunció que se va a hacer la obra. La idea es que quede lo más parecida posible a lo que era originalmente”, describió Rossi. Aún no se sabe cuánto costarán trabajos ni exactamente cuándo comenzarán. Sobre la importancia que tiene el templo para la comunidad, el obispo señaló: “Chicligasta es una pequeña población y, por lo tanto, este edificio es su historia. Es uno de los edificios más antiguos de la provincia. Tiene una importancia cultural muy grande para la población. La gente pide que se haga”.

En el interior del templo hay imágenes muy valiosas, que datan de los siglos XVII y XVIII. Una de ellas es la de Nuestra Señora de La Candelaria. La campana se remonta al 1700.

Villa Chicligasta es uno de los pocos pueblos del interior que tiene dos fiestas patronales al año: el 13 de diciembre celebra una en honor a Santa Lucía y el 2 de febrero la de La Candelaria. La iglesia es una de las más importantes que tiene la diócesis del sur provincial. En total hay 22 parroquias y 200 capillas repartidas en distintas comunidades. La religiosidad sigue siendo muy fuerte en el interior, destaca Rossi. No obstante, reconoce que hay pocos religiosos para contener tanta demanda: en total hay 30 sacerdotes que deben recorrer muchos kilómetros para cubrir toda la zona.