Es una vieja conocida. Es una de las prácticas vergonzosas a la que se suele someter a la ciudadanía. Se la define como la realización de operaciones comerciales o financieras, con la esperanza de obtener beneficios basados en las variaciones de los precios o de los cambios. La especulación tiene una larga historia. Basta que la demanda se incremente para que un producto sospechosamente desaparezca o escasee, situación que se aprovecha para aumentar su precio. Eso sucede, por ejemplo, con la garrafa subsidiada o social.

En estas semanas, se han escuchado quejas porque el producto ha comenzado a sobrevaluarse. El Programa Nacional de Consumo Residencial de Gas Licuado de Petróleo, implementado por la Secretaría de Energía de la Nación establece el costo de la garrafa desde 2008, cuando suscribió un convenio con empresas productoras, fraccionadoras y distribuidoras de gas licuado de todo el país. El acuerdo está vigente hasta fin de año, se establece que la garrafa de 10 kilos debe costar a $16, la de 12 kilos debe venderse a $20 y la 15 kilos, a $25. Vecinos denunciaron que a la de 10 kilos la están cobrando en algunas partes a $40 y la de 15 kilos a $100”. En el interior la situación es mucho peor porque la de 10 kg desapareció del mercado y las otras dos se venden a un precio que oscila entre los $75 y $100.

Mientras los comerciantes aducen que el problema se está produciendo como consecuencia de la reducción del envío del fluido a las distribuidoras de la zona, en una fraccionadora local se informó que la provisión del fluido para envase, por parte de las refinerías, está cupificada razón por la que el stock disponible para el público es limitado. Se advirtieron que por incremento de la demanda, hay eslabones de la cadena comercial que especulan con el stock y aumentan los precios.

En poblaciones rurales del interior tucumano, muchas familias han regresado al uso de carbón y de leña para cocinar y bañarse. “La gente humilde es la más castigada ya que en estos momentos están pagando hasta $ 100 por la garrafa. Es algo inadmisible”, dijo el comisionado de Alpachiri, quien también denunció “la notable especulación”. “Lo lamentable es que los consumidores estamos totalmente indefensos; no tenemos a quién reclamar. Siempre tenemos que pagar lo que se le antoja al comerciante”, dijo una señora de la localidad de Piedra Grande.

En nuestra sección Cartas de Lectores, el vecino de San Pablo, Carlos Drube, denunció ayer maniobras especulativas: “Los comerciantes inescrupulosos perdieron la vergüenza, ya no se contentan con comprar 10 o más garrafas, poseen vehículos utilitarios o bien carros tracción a sangre, llevan a terceras personas y les dan $10 para que les adquieran una garrafa, la que es luego comercializada en las distintas localidades a $80 o $100 las de 10 kg, y las de 15 kg, a $150 o más”.

La realidad está mostrando una vez más que hay sectores que buscan beneficiarse con un producto, cuyo bajo costo ha sido pensado para beneficiar a miles de familias humildes. En esta estación en que ya comienza a registrarse descenso de temperaturas, es lógico que se incremente su consumo. El Estado debe dejar de hacerse el distraído y proteger a los ciudadanos de estas prácticas repudiables, efectuando un control estricto, sancionando además con rigor a los responsables de la especulación. Lucrar con la necesidad de la gente es muy ruin.