En Villa 9 de Julio todos están felices. Sportivo Guzmán, el glorioso club del barrio, de a poco, va cumpliendo el objetivo que plantearon sus dirigentes: ser protagonistas en el torneo anual, cuya tercera fecha se pondrá en marcha hoy con varios encuentros.
Los “julianos”, fiel a la costumbre de los habitantes de ese sector de la ciudad, apostaron al esfuerzo para armar un equipo competitivo conducido por Alberto Marti, que salió campeón con Almirante Brown. Pero no sólo de nombres vive un club, y por eso el campo del estadio fue totalmente renovado y en cualquier momento quedará inaugurado el sistema de iluminación.
“La mayoría de los jugadores que integran el plantel somos laburantes. Algunos todavía viven con sus padres porque nadie puede darse el lujo de sobrevivir jugando al fútbol”, aclara Walter Perea, el capitán carpintero del equipo que se mantiene en la cima del grupo 2 al haber ganado los dos encuentros que disputó hasta el momento y que mañana enfrentará a Marapa en su estadio.
Perea, como el resto de sus compañeros, todos los días juega un partido (una especie de clásico por su dificultad) para poder afrontar las dos cosas al mismo tiempo. “Me tengo que levantar muy temprano para poder trabajar en el taller hasta las 15. A esa hora me voy a las prácticas que duran hasta las 18 o 19 horas. Si tengo la dicha de haber mucha actividad, vuelvo a casa seguir con mi oficio. Si no pasa nada, trato de aprovechar las horas de descanso que tengo porque termino fundido”, explica el “Loro”, como es conocido en las tribunas de toda la provincia.
Historias como las de Perea abundan en Sportivo. Gabriel Luna, tiene una despensa yuna verduleria, César Murias es compañero del arquero Jorge Borges en una distribuidora de gaseosas, por sólo citar algunos ejemplos.
Nahuél Scimé no es sólo reconocido en el barrio por ser el hijo de Carlos Miguel, uno de los históricos que surgieron en el club y que luego jugó en Atlético y en San Martín -en el “santo” anotó el gol olímpico que le dio el segundo ascenso-, sino porque lo recorrió de punta a punta como barrendero primero, y ahora como recolector.
“Mi día laboral, de lunes a sábado, empieza a las 6 de la mañana y se prolonga hasta las 14. Cuando salgo de trabajar me voy a almorzar a mi casa que está a tres cuadras del club. Es sacrificado, pero lo algo con gusto porque esto me hace feliz”, dijo el ex jugador de San Martín.