Cuando un estudiante de alguna de las carreras que se dictan en la Facultad de Agronomía -Ingeniero Agrónomo, Ingeniero Zootecnista y Médico Veterinario- llega a 2º año su cursado se desdobla: sigue tomando materias en el edificio central -en el centro universitario Ingeniero Roberto Herrera (ex Quinta Agronómica)-, pero también empieza a cursar en la finca de esa unidad académica, en El Manantial. Allí, precisamente, radica el principal problema que, a criterio de algunos alumnos, deberían atender las nuevas autoridades -el viernes llegará formalmente al Decanato el actual vicedecano, Héctor Navarro-: la inseguridad que sufre la comunidad educativa de Agronomía, en la finca de la comuna ubicada a 9,5 km al sudoeste de San Miguel de Tucumán.
El último 15 de octubre, alumnos bloquearon por horas el ingreso al predio. Colgaron carteles con el reclamo: “no más indiferencia, seguridad ya” y “apertura digna del portón del camino de Sirga”. Según denunciaron, días antes se habían registrado intentos de robos y de abusos. Hablaron de hartazgo, porque los episodios de inseguridad son habituales.
“A partir de entonces, las líneas (de colectivos) 103 y 110 doblan hacia la puerta de la finca; pero muchos chicos viajan en El Provincial, y deben bajarse sobre la (ex) ruta 38, y de ahí caminar”, explicaron Judith Soria y Verónica Sosa, alumnas de 2º año. “Muchos estudiantes, además, suelen ir hasta la ‘Pepsi’ a tomar el colectivo para volver a sus casas, y los caminos están llenos de yuyos”, añadieron.
Agregaron que en la finca se dictan clases entre las 7 y las 20.30. “Algunas veces tenés que ir muy temprano para tener lugar, porque son aulas muy chicas”, dijeron.
De hecho, ese es otro llamado de atención para las nuevas autoridades: la falta de espacio donde cursar. “En las materias que se dictan en la (ex) Quinta no hay tantos problemas, porque están los anfiteatros de Exactas; pero en El Manantial las aulas son chicas, y muchos alumnos oyen clases desde afuera, o directamente se van”, dijeron. Con esto acuerda su compañera Tamara. Pero agrega otro punto: “hubo años en que no dictaron clases de laboratorio, porque no había elementos”. Se refería a materiales que padecieron las trabas a la importación. “La facultad debe prever estas situaciones”, pidió.
Entre los docentes la problemática pasa porque se abran cargos y/o se aumenten las dedicaciones. En especial, en las materias de Veterinaria. “Nuestra cátedra (Orgánica) dicta cuatro materias, que atraviesan las tres carreras. Somos siete docentes -cuatro de ellos, auxiliares-, para atender un promedio anual de 700 alumnos. La necesidad de personal es evidente”, contó Alicia Mamaní de Marchese. Aclaró que tanto el decano saliente -José García, compañero de fórmula de la “rectorable” Alicia Bardón- como Navarro conocen la situación.
“No se trata de desidia, sino de presupuesto. Ojalá que este nuevo período de gobierno se pueda resolver la cuestión”, anheló. Otros docentes acentuaron que el mayor problema se da en Veterinaria, que empezó a dictarse en 2003. Aclaran que el plantel docente está mayormente regularizado en Agronomía y en Zootecnia.