“¿Qué te parece si bajamos y le damos?”. Eso fue lo que, según consta en el requerimiento de elevación a juicio, Félix Alfredo Ibarra (22) le dijo a Alain Ferreyra (26) el 3 de diciembre de 2011 antes de que -juntos- intentaran asaltar a tres empleados de una distribuidora de gaseosas que estaban en un camión estacionado en Lavaisse al 2.600, lugar en el que concluían con el reparto.
Pero esta versión de los hechos que derivaron en un tiroteo en el que el cabo Mario Sebastián Rodríguez recibió un balazo en el abdomen, está fundada sólo en la declaración de Ferreyra, uno de los hijos del polémico ex jefe de la Dirección General de Investigaciones de la Policía, Mario “El Malevo” Ferreyra. Rodríguez murió 10 días después. Ayer, en el inicio del debate oral que determinará la responsabilidad de los imputados en el homicidio del policía, los jueces enfrentaron una compleja tarea porque los testigos ni siquiera corroboraron que haya existido un intento de robo.
Ibarra y Ferreyra optaron por no prestar declaración en la apertura del juicio. Ambos permanecen detenidos en Villa Urquiza. Además Ibarra, tal como se lo explicó al tribunal, ya purga una condena por robo. Los primeros testigos en hablar ante el tribunal de la Sala IV de la Cámara Penal, integrado por los jueces María del Pilar Prieto, Dante Ibáñez y Emilio Páez de la Torre fueron los empleados de la distribuidora. Sus testimonios se presagiaban como piezas claves para dilucidar cómo sucedieron los hechos, pero el resultado fue otro.
El primero en declarar fue Héctor Tajan que, nervioso ante las preguntas del tribunal, se limitó a decir que no vio cómo se produjo la balacera porque estaba en la caja del camión. Tal fue su nerviosismo que el juez Ibáñez le preguntó: “¿alguien lo amenazó a usted antes de venir acá?”. Tajan dijo “no” y se retiró del recinto.
Daniel Sueldo fue el siguiente. En su declaración dijo que los acusados nunca les gritaron que estaban por asaltarlos y que, en realidad los disparos comenzaron apenas los imputados se bajaron de la moto en la que circulaban cuando ocurrió el hecho. Juan Herrera, el último de los empleados, señaló que sólo escuchó los tiros.
El agente Eduardo Coronel participó en la detención de Ferreyra, que fue hallado ese mismo día con la supuesta arma homicida. Pero su testimonio fue confuso porque ni siquiera conocía la diferencia entre un revólver y una pistola. Hoy se hará la segunda audiencia y los jueces deberán trabajar mucho para lograr administrar justicia.