Ya está promediando marzo, y se advierten las expresiones iniciales de esa vida cultural tucumana que habrá de intensificarse notablemente, durante los meses por venir. Su cantidad y su variedad constituyen algo muy valioso, que está a la vista de todos y que por cierto integra nuestra más preciada tradición.
Tucumán es escenario, desde siempre, de las manifestaciones más variadas en ese sentido. Congresos, jornadas, conferencias, muestras artísticas, presentaciones de libros, conciertos y recitales, espectáculos teatrales del más diverso tipo, etcétera, resultan habituales entre nosotros. Inclusive, tenemos meses enteros –como el Mayo de las Letras, el Julio Cultural, el Septiembre Musical- dedicados específicamente a labores de la cultura.
Pero, y no es la primera vez que lo decimos, ocurre que es tanta la cantidad de tales expresiones, que las mismas no pueden sino superponerse, con frecuencia, en materia de fechas y de horarios. Y de esto resulta que muchas personas que hubieran querido asistir a todas, deben forzosamente conformarse con optar. El acto cultural, que debiera llegar a todos, viene entonces a ver restada la concurrencia que teóricamente podría congregar.
No se trata, por supuesto, de preconizar una disminución de las tareas de esa índole. La cuestión estriba en coordinarlas adecuadamente, a fin de evitar las superposiciones de que hablamos más arriba. Pensamos que un organismo –el Ente Provincial de Cultura, por ejemplo- podría perfectamente orquestar un calendario librado de las apuntadas deficiencias.
El camino sería que todos los que hayan programado actividades de cultura, presentasen fechas y horarios a aquella coordinación, a fin de que se pueda organizarlos de manera más racional y dar al público la posibilidad de concurrir a todas. Si bien esto no será posible en la totalidad de los casos, sí puede serlo en la mayoría de ellos.
Obvio es decir que un sistema de esa índole obligaría a las instituciones a modificar cierto desorden tradicional en su planificación, y a establecerla con la debida anticipación. Es algo que resultaría más que beneficioso desde todo punto de vista. Hay que recordar, por ejemplo, que el Centro “Mercedes Sosa”, en el ex Cine Plaza –que depende directamente de la Gobernación- se suma ahora a las tareas que programan tanto el Ente de Cultura, como las Universidades y las demás instituciones y centros del medio.
Creemos que si no se inyecta coordinación en ese universo de actividades, se tendrán días recargados de actos superpuestos y otros curiosamente vacíos. Eso esterilizaría trabajos que cuesta mucho esfuerzo, mucho tiempo y mucho dinero armar debidamente. Si se adopta el criterio que sugerimos, nos parece que los aludidos problemas recibirán, en la gran mayoría de los casos, una acertada solución en provecho general.
Porque se supone que debe facilitarse, por todos los medios, la máxima concurrencia posible a las realizaciones de nuestra vida cultural. Hay que ponerlas al margen de los inconvenientes que actualmente las afectan. Es lo que hemos propuesto, sin eco perceptible, varias veces, desde esta y otras columnas de opinión.