Por Alejandro Duchini - Para LA GACETA - Buenos Aires

“Por la mañana era de día y yo seguía vivo. Quizás escriba una novela, pensé. Y eso hice”. Así termina la primera novela de Charles Bukowski, Cartero. El protagonista es Henry Chinaski, su alter ego. Allí da cuenta de la monótona vida de un empleado del correo en Los Ángeles. Bukowski tenía entonces 49 años y después de doce de trabajar ahí, decidió barajar y dar de nuevo. Ya no quería aquella vida sórdida. Le interesaba dedicarse a escribir y vivir de eso. Una propuesta le facilita el deseo. Entonces escribe ese relato genial y triste. Pero también real. Como todo lo suyo. Porque Bukowski siempre mostró el mundo sin ambages. Desde un realismo tan duro como pesimista. Nadie sale indemne después de leer a ese escritor nacido en Andernach, Alemania, el 16 de agosto de 1920, y fallecido en Los Ángeles, a causa de una leucemia, el 9 de marzo de 1994.

Fue caratulado como “escritor maldito”. Todavía siguen apareciendo nuevos libros. A sus constantes reediciones se suman los famosos “textos inéditos”. Brilló como novelista, cuentista y poeta. Aunque hubo biografías, alguna vez aclaró que para conocer su vida no había nada mejor que leer sus libros. “Ahí está todo”, había dicho. A 20 años de su muerte, recorremos su vida a través de sus novelas, cuentos, poemas y entrevistas.

Con un padre golpeador, su infancia fue durísima. Esa etapa de su vida la describe magistralmente en La senda del perdedor. Para quedarse a leer hasta la madrugada sin que su papá se enterase, se escondía debajo de las sábanas, a la luz de una lámpara que le producía un calor insoportable. Las lecturas, contó, lo sacaban de ese mundo horrible que era su casa. El acné propició las cargadas de sus compañeros del colegio y el alejamiento de las chicas. Por ese entonces empezó a beber. No tenía amigos y se obsesionaba con el sexo. En sus relatos describe cómo se excitaba con las madres de algunos de sus compañeros. Se agarró a trompadas para sobrevivir a la dureza adolescente; y a la edad en la que muchos recién salen a las calles él ya dormía en hoteles, se emborrachaba y trasnochaba con gente de los bajos fondos. De esas experiencias están hechas sus páginas. La senda del perdedor es un libro desesperanzado y formidable a la vez. Empieza con sus primeros recuerdos de vida y hablando del miedo que tenía a sus padres. Después, a través de otras novelas –siempre publicadas por Anagrama-, seguirá describiendo su vida.

Si en Cartero se refiere a los tiempos del correo, en Factotum el eje son sus trabajos anteriores. Va de uno a otro, cobrando siempre salarios miserables. “¿Cómo podía un hombre disfrutar si su sueño era interrumpido a las 6:30 de la mañana por el estrépito de un despertador, tenía que saltar fuera de la cama, vestirse, desayunar sin ganas, cagar, mear, cepillarse los dientes y el pelo y pelearse con el tráfico hasta llegar a un lugar donde esencialmente ganaba cantidad de dinero para algún otro y aún así se le exigía mostrarse agradecido por tener la oportunidad de hacerlo?”, se lee. Mujeres, en cambio, es el libro en el que cuenta sus aventuras y desventuras sexuales. Se trata de una muy interesante reflexión sobre el tema; escribe cosas como “La gente era interesante al principio. Luego más tarde, lenta pero firmemente, toda la mala leche y chifladura se ponían de manifiesto. Yo iba significando menos y menos para ellas; ellas iban significando menos y menos para mí”.

“Cuando te pasas muchas horas, muchos años, simulando ser una persona que no eres, bueno, eso te afecta. Es ya bastante difícil intentar ser uno mismo. Imaginaos tratar con todo el empeño de ser alguien que no eres”, reflexiona en Hollywood, la novela en que da cuenta de los intentos por llevar sus textos al cine. Y luego está Pulp, escrita poco antes de su muerte, en la que da rienda suelta a la ficción, mezclando entre los personajes a uno de sus escritores favoritos: Louis Ferdinand Celine.

De cuentos

La lista de libros de cuentos que se puede conseguir en la Argentina es enorme. Erecciones, eyaculaciones, exhibiciones arranca con un relato genial. Se llama La chica más guapa de la ciudad. Fue el que sirvió de inspiración para el clásico de Fito Páez Polaroid de locura ordinaria. Tienen que leer ese cuento corto pero inolvidable. Se busca una mujer es otra gran recopilación de cuentos bukowskianos. De ahí se destacan Bop bop bop contra la cortina, No puedes escribir una historia de amor, Un mozo de cuerda con la nariz roja, Cojones y Esto es lo que mató a Dylan Thomas. Pero una de sus frases más recordadas surge de Confesiones de un hombre lo bastante loco como para vivir con las bestias: “Hospitales, cárceles y putas: estas son las universidades de la vida. Yo he alcanzado numerosos grados. Llámenme señor”, escribe.

“Hay que tener en cuenta, de todos modos, que el amor sólo es consecuencia de un encuentro al azar”, dice en Golpes al vacío, publicado en Música de cañerías. En este libro, como en cualquier otro de Bukowski, es necesario tener un lápiz a mano para marcar frases como esas. Y aún mejores.

En La máquina de follar también hay muy buenas historias. Algunas: Un lindo asunto de amor, Yo maté a un hombre en Reno y Nocturnas calles de locura.

Siempre en el terreno del relato corto, Escritos de un viejo indecente es uno de los más clásicos. De allí vienen sus célebres “casi todos nacen genios y los entierran tontos” y “jamás duran los pensamientos bellos ni las mujeres bellas”. Pero es acá también donde recomienda lecturas: que no leas a Marx pero sí a Celine (para él, “el mejor escritor en 2.000 años”), Camus (El extranjero) y Dostoyevski (Crimen y Castigo y Los hermanos Karamazov), entre otros.

“Esperaban lo imposible y lo imposible rara vez llega. Sólo en las películas, chicos, sólo en la pantalla de televisión. Allí es donde algunos consiguen ese pequeño empujón”, se lee en Hijo de Satanás, otro de sus libros de cuentos.

Convertido ya en escritor de culto, muchos de las lecturas de Bukowski también se cotizan alto. Es el caso de Tráeme tu amor y otros relatos. Se compone de tres cuentos ilustrados por Robert Crumb, un dibujante estadounidense de los de mayor consideración. La presentación de este libro editado por Zorro Rojo es casi una reliquia. Un lujo.

El poeta

Para acercarse al Bukowski poeta hay tres libros que pueden servir como introducción. Dos de ellos son de Editora AC y no es sencillo conseguirlos. Poemas 1 y Poemas 2. Su poesía es genial. Por eso es que vale la pena buscarlos y tomarse el tiempo necesario para leer esos textos que son sentimiento puro. Algunos títulos son Un poema de amor, Un cambio de hábito, Cómo ser un gran escritor, La palabra, Cáncer, Mi primer affaire con una veterana, Amor y coraje, El pullover, Nirvana, Qué risa, Un poema casi inventado, Uruguay o el infierno, Bailarina de strip tease, Mi tío Jack, Hagamos un trato, La chispa, El cordón desatado, Nota sobre la construcción de las masas, Causa y efecto, Confesión y Nosotros, los dinosaurios.

También difícil de conseguir, y con prólogo del periodista Enrique Symms (quien se jacta de haber sido el que introdujo a Bukowski en la Argentina), está el libro 100 poemas, de Emptybeercan Ediciones. Ni lo pienses, Pobreza, Sé amable y Están por todos lados son algunos de los escritos seleccionados por Federico Ludueña.

Ahora, si lo que se quiere es una recopilación de todo, Peleando a la contra es el ideal. Allí se encuentra una selección de sus novelas, cuentos y poemas. Son más de 500 páginas con textos que van de 1969 a 1993.

Para terminar, dos joyas de Anagrama que, caminando bastante y recorriendo librerías de barrio, aún se pueden conseguir: Lo que más me gusta es rascarme los sobacos y Shakespeare nunca lo hizo. El primero es una enorme entrevista de la periodista Fernanda Pivano. El escritor habla de todo. El diálogo se torna fenomenal. Y en el otro, en cambio, entrega textos perdidos, fotos y pensamientos durante un viaje que hace por Europa junto a su joven pareja, Linda Lee. Se trata de un trabajo diferente porque se encuentra a Bukowski más humano, si se quiere: es el hombre común en situaciones comunes. Va más allá del texto.

El mundo Bukoswki es interminable. Porque a su muerte sucedieron cientos de escritos desconocidos, encontrados o corregidos. Sobraron los motivos para que aparezcan más libros suyos o se reediten otros. Pero también sucede que se trata de uno de esos escritores que siempre tienen algo por decir. Releerlo o descubrirlo es un viaje de ida, del que no se sale igual que como se entró.

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